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SECUENCIA ARBITRARIA DE ARTÍCULOS PUBLICADOS ENTRE 1998 Y 2001 EN EL PERIÓDICO HOY, EN LA COLUMNA SEMANAL DE NOMBRE "DOS POR CUATRO"

El río de la memoria

César Namnúm

Vivíamos en esos años detrás de lo que era Obras Públicas, en las afueras del pueblo. Único lugar donde mi padre había logrado conseguir un empleo y una casa que alquilar, presumo que por intermedio de algún buen amigo, aún a costa de su posible desgracia. Don Juan, se había declarado opositor a Trujillo después de lo de las Mirabal y eso lo expuso no sólo a la represión sino a la muerte civil. Los amigos eran muela de gallina entonces.

A pesar del repudio de nuestros compañeritos de la escuela y del barrio; aún sintiendo – yo tenía nueve años – la gravedad del asunto en forma de paleros que pasaban amenazadores y agresivos por la casa; la falta ostensible de dinero y la desgracia pública; nosotros éramos cercano a felices. Seis hermanos (cinco para la época, mi madre estaba en cinta del más pequeño), cinco de los cuales varones, no sentíamos realmente la falta de los amiguitos y amiguitas. Mami decía “vayan a bañarse” y entendíamos “váyanse al río”. El Río San Juan estaba a una cuadra de la casa y nos íbamos en fila india, los mayores cuidando a los pequeños y el pueblo entero, sus ojos sobre nosotros.

El azulito, el tocón, el charco de los cueros y debajo del puente, eran nuestros puntos predilectos. El San Juan no estaba represado entonces y dejaba bajar su torrente entero de aguas cristalinas y frías, desde la cercana cordillera. Es el único río, de los muchos que conozco, que forma una gran isleta, llamada por los lugareños, con extraña bíblica instrucción, La Mesopotamia, de triste fama en años reciente. La gran fiesta era cuando íbamos todos: Papi, Mami, doña Ercilla y el muchacherío, en excursiones domingueras  al torrente más lejano, después del segundo puente.

Ese río, que sólo acepta la rivalidad del Mijo en mis recuerdos, por razones muy opuestas, fue de primordial importancia en mi formación. A menudo recorro su cauce en mi memoria, aunque la razón y las evidencias me muestren que no es el mismo. Recorro su cauce en mis recuerdos como antes lo hacía en tubos inflados de gomas de camiones.

Después, Trujillo bien muerto, el Partido Dominicano convertido en escuela de Bellas Artes, mi padre restablecido en su prestigio y, más importante aún, restituido en sus puestos de trabajo: jefe del cuerpo de Bomberos, Secretario de la Cámara de Comercio, Delegado de Deportes y un largo etcétera, enfoqué mi interés en las artes y los deportes en partes iguales. Ya yo estudiaba solfeo con don Luís Cadena, tronco de una gran familia de músicos, que nos enseñaba las notas y los silencios a reglasos por equivocación. Eran de esas reglas de madera de bordes finos que dolían muchísimo en los huesitos de los dedos. O aprendes o lo deja, y eso de dejarlo siempre dependía no tanto de nuestra voluntad si no de la de los padres.

Ir a Bellas Artes, recién abierta por doña Monina Cámpora, era una suerte de premio mayor. Un día, presumo que por secreta intervención de mi papá,  doña Monina me llamó para que estudiara en la escuela. Ella venía de la capital y había sido parte del elenco de La Voz Dominicana. Tocaba piano, cantaba y bailaba como nadie había visto en San Juan de la Maguana hasta entonces. Creo que allá la conoció mi padre, quien me traspasó su anhelo de bien llevar una educación artística. Cuestión que su madre y los avatares de la vida le impidieron. Por lo menos en lo profesional, porque no recuerdo un acto público donde mi padre no cantara sus bien entonados tangos.

Un coro a seis voces, que llegó a ganar competencias nacionales (como premio fuimos por casi un mes a  actuar en Puerto Rico) una rondalla, un grupo de teatro infantil, una orquesta femenina, varias temporadas (veladas) al año, pintura, escultura, música (también hubo una orquesta de la escuela) canto y no sé cuántas cosas más. Al principio quería estudiarlo todo y llegué a tomar clases de pintura y escultura; teatro y música; cantaba en el coro; formaba parte de la orquesta de la escuela; participé en varias obras de teatro y estaba en primera fila a la hora de ser parte del elenco de las veladas. “El que mucho abarca poco aprieta” me dijo un día doña Monina y tuve que recortar mis ímpetus infantiles, no sin un gran sentido de pérdida.

Lo que cuento pasó en un tiempo corto o largo de tiempo, no preciso. Sé que estudie por varios años en Bellas Artes y que ha pasado mucho agua por debajo de los puentes del río San Juan, pero no tanto como para olvidar estas cosas, ni mi eterno agradecimiento a San Juan de la Magüana. A doña Monina, Danilo Tavéras, al profesor Diosito, Luís Cadena, Plinio Féliz, Napoleón y otra mucha gente que mi memoria desagradecida no registra.

Hay gentes, lugares, momentos, que son fundamentales en la propia formación. A parte de los padres y el entorno familiar, naturalmente, que en mi han sido un poco más que fundamentales.

Hace unos días, cuando me enteré de manera bien casual que soy considerado un sanjuanero destacado (biografía incluida) por una organización cultural de mi pueblo – con página en Internet y todo – éstos y muchos otros recuerdos, me asaltaron sin remedio. No diré ahora como aquellas estrellas al aceptar sus óscares “éste es un honor inmerecido…dedico éste premio a toda esa gente…bla bla bla…” Por lo menos, no lo diré hipócritamente. En realidad, he quedado abrumado y profundamente agradecido. Sólo he sido destacado en lo que San Juan y mi familia me adiestraron a serlo.

30-8-2001/Sección Espectáculos de HOY

 

CORRE MEMORIA, CORRE…

Aunque no lo dejé nunca, el estudio de la música y el teatro mermaron bastante cuando descubrí mi otra gran pasión. Seguía jugando pelota y tocando saxofón y siendo parte de los elencos de teatro pero la política - o mejor valdría decir la militancia, el compromiso – coparon mi tiempo de adolescencia sanjuanera. La JEC (juventud estudiantil católica) y los Cursillos de Vida; las asociaciones estudiantiles y los grandes movimientos huelgarios; la resistencia y la militancia, era lo que mandaba los tiempos.

Estudiaba en colegio de monjas, no era de su estilo armar huelgas y protestas. Veíamos pasar, con mucha envidia, las movilizaciones estudiantiles, procedentes del Liceo y la Escuela Públicas. Pero era mucha la efervescencia; muchas las justas razones y las terribles verdades. Estudiantes de colegios privados o de liceos públicos, todos tendríamos que ir a la UASD (Universidad Autónoma de Santo Domingo). Todavía no estaban de moda las universidades privadas; nuestra única y anhelada posibilidad era esa universidad estatal. Donde, por demás, ya estaban los hermanos mayores, que retornaban en las vacaciones con cientos de historias para alimentar nuestra imaginación. Y un hambre de siglos que no se entendía el porqué. Si la universidad era tan buena ¿Por qué se pasaba tanta hambre?

Mi hermano José vivía en una pensión de la calle José Gabriel García, en Ciudad Nueva. La Capital era un lugar remoto y misterioso para mi, y la UASD era lo mítico, la maravilla. ¿Cómo no sentirse aludidos con la famosa lucha del “medio millón”? Era nuestro irremediable destino ¿Cómo no involucrarse? Organizamos, los muchachos y las muchachas del tercer teórico, la primera huelga en la historia del colegio de monjas redentoristas de San Juan.

Lo grande es que yo tuve la inocente desfachatez de informárselo a Sister Maritza, mi mentora. Faltó poco para que le diera un infarto. Una cosa es prestarle a uno libros de Camus y otros autores “controvertidos”, y otra muy distinta, hacer una huelga “comunista” en un colegio católico de monjas norteamericanas. ¡La desbandada, compadre! el resto no pudo aguantar la presión, que fue mucha y de diverso calibre (Los Padres, por ejemplo. Los nuestros y los de la Iglesia) Así que me quedé sólo en huelga de a uno en fondo. Lo que me valió un mes de expulsión y el mote de “Mella” con que me bautizó mi amigo Arturito Ramírez.

Me quedó otra cosa, menos tangible pero muy gratificante: de repente, las chicas me hacían caso. A mí, de quien hasta entonces huían como de la peste. Nada mal éste mi “heroísmo nacional”.

De esa, como ven, salí en coche. No así de las otras. Las protestas eran muchas y los motivos todos valiosos. En esos días, Balaguer (de acuerdo con la cúspide religiosa) había expulsado a unos Hermanos de la Salle que eran una suerte de “matatanes” dentro del movimiento católico popular. En todo el país, las protestas se escenificaban en forma de tomas de Iglesias y Catedrales, pidiendo su retorno. Pero todo el país no era San Juan de la Magüana, allí mandaban los curas redentoristas norteamericanos, quienes - aunque aún estaba vivo el Monseñor O’Ralley, famosísimo Obispo de la diócesis sanjuanera, quien se había opuesto tenazmente al Dictador Trujillo, en tiempos no tan lejanos – tenían una visión muy conservadora del mundo y de la religión. Dicho así para ponérselas fácil, porque lo que se comentaba era que ellos habían llegado en masas, después de la revuelta de Abril del 65, a toda las comunidades cercanas a la frontera con Haití, con muy claros y nada santos propósitos. Pero eso  no lo sé de cierto. Lo que sí sé, y sobre todo, sufrí, fue que tan pronto tomamos la Catedral – ya hubieran querido ustedes participar en tan bien elaborado plan de contingencia, de tan seguros augurios y de cómo nos podríamos en el mapa nacional y no nos quedaríamos, por ser pueblo bastante alejado de la metrópolis, detrás de nadie – no pasaron 30 minutos antes de  que llegaran los “cascos negros”, llevados por los Curas y entrando por una puerta oculta que ni yo conocía que, para entonces, hacía vida cotidiana en la Iglesia. No me fue tan bien esa vez. Una semana en la chirola y la verdad de la vida encarnada en un preboste que se la cogió con nosotros, noche tras nooche. Nunca antes me habían golpeado tanto y con tanta saña; nunca antes, ni después, fue tan real el pánico y el miedo. Desde entonces, me propuse que nada ni nadie me provocaría de nuevo, tal grado de indefensión y terror. Debía tener no más de 16 años, los mayores no pasaban de veinte.  

No nos fue tan bien, esa vez.

2001/publicado en Espectáculos del periódico HOY

 

 

Un sonsito para polemizar

Han pasado diez largos años de que al Grupo Maniel le fuera entregado un Casandra como Mejor Grupo Sonero. Me estoy repitiendo, eso ya lo dije en un artículo no tan lejano. Entonces, un poco en chansas un mucho en serio, hablaba de la tremenda carga que ha resultado para nosotros ser el único grupo musical del país que haya sido premiado expresamente por tocar Son. Hablaba de lo extraño del asunto habiendo tantos y tan buenos grupos del género en este pedazo de patria que nos toca vivir. E hice algunas propuestas, estas ya no en chansas si no muy de adentro. Resulta que hay gente ofendida. Más bien, hay cronistas ofendidos - me acordé tanto de Koldo - por mi presunto "desdén" al premio que tan generosamente nos fue "dado". Esos buchitos, corte de ojos y maldiciones, no me llegaron directamente. Alguien me dijo que le dijeron que alguien dijo que yo dije lo que no debía decir porque eso me afecta y que por eso es que nunca nos toman en cuenta y, y, y…Supongo que por algo parecido nunca más nos han invitado a una ceremonia de entrega de premios a pesar de haber ya sido premiados, como manda la más elemental ley de urbanidad. Antes de seguir embrollándoles las cosas a ustedes, que nada tienen que ver con el mambo, pongamos en claro algunos asuntos. No se quién dijo lo que dijo ni me interesa gran cosa. Todo puede ser un invento de quién dijo que le dijeron que yo dije, pero le agradezco profundamente el chance que me da para poner algunos puntos sobre las eses, las oes y las enes. El Son es uno de los grandes pilares de la música popular dominicana y se desprestigia cualquier persona o grupo de personas que no lo tome en cuenta. Los que nos dedicamos permanentemente al son no dependemos de la moda, ni de tusas en los cabellos, ni de novias de televisión, ni de cuentos payoliados, ni de mambos destemplados, ni de puntos sobre las íes. Los premios caen bien de donde vengan pero no depende el desarrollo del género de recibirlos o no recibirlos. Para ser más descarnado y ganarme nuevos enemigos diré lo siguiente que es una de esas verdades que todos saben pero incomoda: los premios Casandra, prestigian a quienes los otorgan y tienen poco o ningún resultado en el desarrollo de quienes los reciben. Mucho menos en el real crecimiento de la cultura musical dominicana. Si no fuera porque caen mal mis sugerencias, le recomendaría a la compañía que pone los milindres, mejor dedicarlos a los reales planes de desarrollo y crecimiento del arte nacional. Apoyo monetario a la Escuela Superior de Música Popular del Conservatorio Nacional de Música, por ejemplo. De dónde sí saldrían líderes para la nueva música popular. En estos pasados diez años el Son ha crecido mucho. Es moneda común entre todas las clases sociales dominicanas. Se han celebrad, 5 Festivales de Son, nacionales e internacionales. Grupos y bailadores han viajado por todo el país y a varios países de fuera, proyectando el elemento cultural dentro del conclave sonero. Los puestos y puntos de baile y toque de Son se han ensanchado y consolidado, dependiendo del caso. Los grandes hoteles de todo el territorio nacional han acogido con beneplácito las presentaciones y espectáculos de Son que han presentado los, cada vez más, grupos soneros. Los programas radiales dedicados a la difusión de ésta música se han proliferado en las estaciones de radio del confín nacional, logrando romper así el no tan velado bloqueo de algunas otras estaciones. Los canales de televisión, en sus horarios principales, han dado eterna cabida a los interpretes y bailadores de este ritmo. Los clubes sociales de cualquier clase y sector, mantienen regulares presentaciones basadas en el Son. No queda prácticamente ningún punto ni lugar de baile donde no se hayan presentado algunos de los muchos grupos soneros. Las fusiones hechas desde el son han catapultado a la fama mundial a sus protagonistas y han abierto la brecha de los jevitos - mercado tan codiciado- a sus ejecutantes. El setenta y cinco pos ciento de los anuncios radiados o televisados están hechos en tiempo de son o sus derivados. Este no es más que un recuento pequeño de lo que ha pasado con el Son y los soneros en estos años idos. Con ninguna otra pretensión que la de mostrar por qué es una desvergüenza y una gran desconsideración alegar que no existen razones para premiar al Son y a los soneros. Diga que no le interesa; que nosotros no llenamos de huevo ninguna canasta; que nuestros discos solo circulan de mano en mano - excelente manera de romper el bloqueo maniqueo - y que eso es de "negros villamelleros" o cualquier otro agravante que se le ocurra. Lo que no le damos es el derecho de quitarnos el mérito. A usted ni a nadie, en realidad. Señor cronista, si es que de verdad usted existe, si el premio es suyo, como ya se ha dicho hasta la saciedad. ¿Por qué no se lo reparten entre ustedes mismo cual Senadores o Diputados de la República? ¿Para qué servimos los artistas, que no sea para justificar su oficio… y su cartera repleta? Déle vuelta a la página mi amigo y arrodíllese delante de nosotros: nosotros, los artistas, somos la razón por la que usted vive… y come su familia. Espectáculos de HOY, 2001

Vetas y la Bachata

Circula en estos días el número de febrero de la revista Vetas. Y digo en estos días (estamos en julio) porque todos sabemos el nivel de precariedad con que se edita esta revista cultural que ha logrado, en los no sé cuantos años de su existencia, aglutinar la más variopinta representación de la cultura escrita del país, durante el más largo periodo de tiempo. Su gracia es la diversidad y el desparpajo de su director Clodomiro Moquete. En más de una ocasión ha sido objeto de incontadas maldiciones y se ha visto envuelto en disputas literarias que frizan en la chismografía, tan apreciada por tanta gente del medio. Pero mi intención no es hacer un recuento de las virtudes y defectos de esta revista cultural porque no voy a poder ser imparcial, como indican las buenas normas del escribir periodístico. Soy fanático de Vetas y a buen orgullo lo tengo. Escribo porque, como me ha pasado casi siempre que la leo, me he sentido aludido. Clodo, que conoce tanto de música como yo del Jorobado de Notre-Dame, se suelta un soberano discurso sobre la Bachata y hasta le pide a la gente que emita su opinión. No voy tampoco a transcribir in extenso lo que dice, compre la revista o suscríbase que es mejor, pero, repito, me siento aludido. El Sr. Moquete desde su púlpito y serpenteando por tortuoso camino, da en el clavo: ¿Es la Bachata un género musical o qué? Es una expresión de lo popular, admite, pero ¿es ésta la expresión popular que hay que aupar? No esconde su disgusto por esta música y le endilga todo tipo de epítetos negativos. Como dije, no quiero entrar en los detalles de su escrito porque entonces dejaría de estar de acuerdo con él, me quedo con estas dos interrogantes fundamentales. De que si la Bachata es un género es una discusión de músicos. Clodo niega de golpe y porrazo, que lo sea, que sea un género musical. Yo, desde mi deficiente preparación musical, pienso que él tiene razón. Creo que Clodomiro, como es su costumbre, ha sacado a flote una cuestión que ronda entre los músicos de este país desde hace tiempo. He oído todo tipo de opinión al respecto, ahora me limitaré a presentar la mía. Aunque estamos en una época en la cual se le llama género musical a cualquier variante, las variantes involucradas en la Bachata no permiten darle ese titulo. Para cualquier conocedor es evidente que casi todos los elementos que la componen fueron tomados del Son y del Bolero: El punteo de la Guitarra imitando el Tres, el toque del Bongó, el Bajo sincopado... La diferencia es de acento musical, que parece provenir de la imposibilidad de los músicos involucrados en ese ritmo de adentrarse en la complejidad armónica de las composiciones de Son o Bolero Rítmico, de no poder reproducir el difícil punteo del Tres aplicado al Son y al Bolero. Ni hablar de las letras, si la Bachata es un género lo será en términos involutivos, por una suerte de disminución lírico-armónica. Lo que es absolutamente original en los bachateros es la impostura de la voz. En ello también coincido con Clodomiro. Lo “añoñaíto” del canto de bachata es único, es casi un estilo. Pero una forma de cantar no hace un género. La muy peculiar voz de Billi Holiday no cambió el Blues ni el Jazz, a lo sumo le dio una característica original a ella y a las que la imitaron. En cuanto a lo que se debe aupar de lo popular, es una discusión de Sociólogos y demás Cientistas Sociales. Sin embargo, hasta los legos hemos oído hablar de la necesidad de ser selectivos aún en lo popular. No es necesariamente bueno todo lo que nos llega del pueblo, sería una generalización bien pendeja del concepto "popular". Es popular entre los populares pobladores de los sectores populares darse las películas de Bruce Lee, Rambo, Jacky Chang y etc. y a mi no se me ocurriría catalogar de buenos esos mamotretos, ni las actuaciones de estos turpenes sólo porque “1a gente del pueblo" así lo considera. Los preceptos de calidad en una obra de arte, sea esta música, cine, baile o cualquier otra expresión, no responden a los esquemas de la división de clases. Aparecen buenas y malas cosas de cualquier lado del arcoíris social. En el campo de la música popular de este país y de estos tiempos, la Bachata y el llamado Merengue de la Calle, son sus peores exponentes. Ahora bien, todo lo dicho aquí refleja no más que mi criterio, le digo a usted como me dijo el Clodo a mí: ¿Y el suyo, cuál es?

Especial para Areito de HOY, 19 de julio 1998

LLUEVE OTRA VEZ

En una entrevista hecha especialmente para este periódico, Julio César Paulino Félix, accede a darnos sus puntos de vista sobre toda esta discusión que se ha armado alrededor del Son en Santo Domingo.

Me corrige sobre su preparación académica: "Yo estudié Antropología en la UASD, ahí solo se dan algunas materias de Etnomusicología que es una carrera joven, pero mi más de treinta años de estudio de la música en el Conservatorio Nacional, me permiten aplicarla a la Antropología que es en definitiva la Etnomusicología.

 

Julio César es el director del Archivo Nacional de Música, en donde conversamos entre libros, discos y viejos instrumentos: "El centro del Son en Santo Domingo es Puerto Plata, por lo menos de allá proceden la partituras más antiguas compuesta por Danda".

-Te refieres a "Mercedita", lo interrumpo. Hay mucha gente que pone en dudas la existencia de ese son.- "Bueno yo lo he escuchado cantado por Licinio Valerio y por el compositor Armando Padilla en cuya casa de la José Gabriel García se reunía la Vieja Trova Santiaguera. Ahí iban Juan Lockward, Licinio Valerio, el hijo de Piro, como tu sabes; Marcelino Plácido y otros que no recuerdo. Yo era muy joven, pero no me perdía un domingo de esos. Allí se hablaba de todo".

 -¿Vieja Trova Santiaguera?- ¿De qué tu hablas? "Oh, el grupo de bohemios y compositores que siguieron aquí la vieja costumbre de juntarse para componer y cantar entre tragos y anécdotas. En Santiago se reunían donde Mon el Barbero en la calle Cuba #15. También en el Callejón de la Alegría y mucho antes en el Barrio de Marilópez, lo que ahora es La Otra Banda. Don Julio y el abuelo de tu mujer también iban ahí".

 -¿Quién?- "Julio Alberto Hernández y Don Pancho García. Precisamente fue a Don Julio que le hice notar que los 80leros Rítmicos grabados por Brito en el 29 eran Sones. El me dijo que 8ienvenido Troncoso y Chencho Pereyra los habían aprendido a tocar de Danda. Los cubanos dicen que Matamoros inventó el Bolero-Son en el 1929 pero antes de los veinte esta gente tenía sones compuestos de esa característica. Lo único que los cubanos inventaron fue la palabra son después de bolero y que le dicen "estribillo" a lo que nosotros llamamos "jaleo". "Mercedita" lo compuso Danda en 1900, lo que quiere decir que ya había tradición de componer de esa manera. Nadie compone del aire."

 -Párate ahí. Vamos por parte. ¿Qué determina que estos Boleros sean Sones?- "Sobre todo el rasgueo continuo de la guitarra y el acompañamiento del Mongó primero y el Bongó después. El rasgueo de la guitarra obliga la síncopa en el bajo."

 -¿Y el Tres? ¿No había Tres por ningún lado?- "Claro, el Tres se utilizó aquí primero que en Cuba. Ahora es el instrumento nacional cubano pero Fradique me dijo muchas veces que el Tres se lo llevó Nené Manfugá para Baracoa un poco después de 1892 cuando estuvo en Puerto Plata, junto con Sindo Garay que se llevó el Son y la Criolla. Garay es tan bárbaro que se atribuye la autoría de "La Dorila", una Criolla que se escuchaba en Puerto Plata desde tiempos inmemoriales del siglo pasado. Alberto Vásquez fue a Cuba a reclamárselo. Eso es solo una muestra de todo lo que se nos ha ido. La Danza no es puertorriqueña tampoco. Yo tengo partituras de Danzas mucho mas viejas que todas las puertorriqueñas, el asunto es que fueron ellos quienes la desarrollaron. Lo mismo el Son y los cubanos. Se lo lleva Sindo Garay en 1895 y nos lo devuelven en papel de celofán después de 1925."

 -Eso no es lo que dicen…- "Lo que pasa es que hay mucha gente hablando disparates por ahí sin ser músico. Lo que define al Son como género es su forma, aquí lo que se tiene que analizar es la forma musical. Ninguno de los que se han adentrado en la discusión sobre el Son son músicos. No pueden analizar una partitura con bajo sincopado, rasgueado constante, ni la melo, la línea melódica… Por otra parte, nuestro gran problema es la carencia de archivos. Aquí no hay nada. Drake quemó lo que había hasta 1580, los españoles se llevaron los archivos dominicanos a la Catedral Cubana después del tratado de Basilea. Allá los quemó el Padre Tres Palacios porque alegadamente estaban llenando de polillas los cubanos. Durante el tercer gobierno de Báez también hubo una masacre de papeles. De manera que lo único que nos queda es el Método Comparativo para la investigación musical. Eso solo pueden hacerlo músicos adiestrados, porque es poner al lado partitura con partitura e ir analizándolas a partir de sus estructuras. Queda mucho por hacer. Hace años que quiero publicar un libro sobre el tema pero no tengo ni el dinero ni el tiempo hábil para la investigación que hace falta".

-Bueno, palabras ha habido…Antes de que terminemos háblame de la Ma’Teodora, o bien de las hermanas Ginés, que tanta agua han dado de beber. ¿Existieron? ¿Qué tienen que ver con el Son?- "Tommy y Dago dicen no haber encontrado nada en el archivo de la Catedral Cubana pero no es ahí donde están. Hay que buscar en el Tercer Legajo del Archivo de Indias, que se refiere a lo que entonces se llamaba Puerto Príncipe y que es hoy Camaguey. Su relación con el Son es bastante ambigua hoy día. Lo que yo sé, y ahí le doy la razón a Fernando, es que si ellas fueran cubanas no la hubieran atacado tanto".

 -Gracias, compadre.

Especial para ARElTO, de HOY, 1998

 

A Pablo, el del Boulevard

De acuerdo mi hermano: los pueblos necesitan cierto boato, un glamour, una cuestión, no hay dudas. Creerse, los ojos fijos en la televisión, que uno está en otro lado; que el barrio no es donde se vive; que de repente se ha convertido en el boulevard de los sueños, con James Dean y todo. ¿De qué otra manera se puede aguantar esto? Darse su “luquin” de vez en cuando; quitarse la ropa de a diario y dejar las cucarachas en buscando donde no hay; montarse en cualquier carroza y realizar los sueños, aunque sea a través de los otros. Permitirse el lujo de caminar por la carpeta roja con la siempre bella, dejando boquiabiertas a las que viven del cotilleo “¿volvieron?  ¿Se juntaron de nuevo?” ¿Cómo no? si las Paolas se lo merecen "¿viste a papi y a mami juntos?" Sí, no hay dudas, fue un buen espectáculo, un buen show. En eso tienes razón. Claro que sí. La vida no puede ser "flan”,  gris, monocromática. Hay que añadirle el color, el gusto, la sabrosura, la ilusión. Tienes razón, no hay nada de malo en todo eso. A menos que no sea lo poco que dura, lo efímero, lo pura ilusión y ninguna realidad. Ha pasado apenas una semana; dime ¿quién ganó en el renglón clásico? ¿En teatro? ¿Qué dijo Wilfrido al recibir su merecido Soberano? Dime ahora, ¿qué llevaba puesto Georgina Duluc y dónde se le mojó el vestido a Tita Hasbún? ¿Cómo son las piernas del Pachá? Claro, el foco es otro, ésa es mi queja. No hace falta que nos tomen de excusa. Basta con uno de esos desfiles de moda donde se recauda fondos, entre caviar y buen vino, para poder llevarles pica-pollo a los pobrecitos niños huérfanos. Pero bien, así es como se plantea el asunto; no le busquemos más cuernos al buey. Lo que pasa es que no hay trascendencia en esto, manito. Lo que pasa, aunque suene muy a los setentas, es que se podría hacer muchas más cosas con todo ese dinero. O con parte de ese dinero. O con otro dinero. No hay por qué tirarle la canana a la compañía que patrocina, demasiado hacen ellos. Pienso que tenemos obligación de fijar lo trascendente, de sacarlo a flote, de ponerlo en el tapete. Antes lo dije, pero vuelvo y lo repito, labor de trascendencia sería aquella que prohíje el desarrollo a niveles técnicos impensables del Departamento de Música Popular y Folklore del Conservatorio Nacional de Música. De ahí sí saldrán los y las responsables de que el arte popular dominicano crezca. Por primera vez en la historia de la enseñanza musical del país, a nivel oficial, se maneja una teoría novedosa y aglutinadora. Por lo menos entre nosotros, porque hace años que se aplica en otros muchos países. Me refiero a aquella de ligar lo clásico con lo popular, dicho así para no "tecnificar" la explicación. Aquella que aprovecha todos los elementos de la técnica aportada por los europeos y su música, para aplicarla a la interpretación de lo popular caribeño, conociendo desde adentro sus raíces. En los lugares (Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, Venezuela...) donde se han aplicado estos estamentos, el resultado ha sido impresionante. Dicho más simplemente, si un trompetista aprende todas las técnicas concerniente a su instrumento, pero también todos los elementos que componen su folklore y el por qué, a la hora de tocar en cualquier combo, la diferencia empezará a notarse. Si en cambio es el pianista, casi siempre el director musical, sus conocimientos serán perceptibles en los arreglos que arme. Y así hasta el infinito. No habrá otro camino que avanzar. Estamos hablando de setenta, ochenta, noventa, cien músicos que saldrán cada cuatro años (la primera promoción está a punto de graduarse) para integrarse a las orquestas populares y así protagonizar la nueva era de la música popular dominicana. No es que no los haya ya, en realidad contamos con increíbles intérpretes en este país, pero la mayoría de ellos ha tenido que ir a otros países a estudiar la música o han hecho un enorme esfuerzo individual para ponerse al día con lo que acontece en otras partes. Ahora ya lo tenemos aquí, un palo por los 411 del Estadio Quisqueya. Como ves, mi estimado, es en esta canasta donde creo que debemos poner todos los huevos. ¿Tú te imaginas este ejemplo repetido en todo el país? No quiero animarme mucho, pero me parece de lo más halagüeño el que Tony Raful se haya reunido con los representantes de los sectores privados que más han apoyado la cultura. De repente nos encontramos con planes conjuntos, gobierno, sectores privados, y eso también sería un gran paso trascendente. Tú que has vivido en España debes sentir con más propiedad que el resto de nosotros el alborozo por lo de Operación Triunfo. ¿Te imaginas eso aquí? Hay gente que ha hablado de seguir el ejemplo. (sigue…)

Febrero 2001, Espectáculos de HOY

A PABLO Y VAN DOS….

Uno tiene que entender que a veces los periódicos no tienen todo el espacio que hace falta para publicar una columna entera. Ya sea porque es muy larga, o porque hay otras casas que poner. No deja de ser decepcionante, aunque uno lo entienda. Bueno, mi anterior era una carta a un amigo y se quedó sin el final. Permítanme ustedes, amables lectores, retomar el asunto donde se quedó y empatar algunas otras ideas. Si le produce curiosidad, por favor vaya al periódico del jueves pasado y lea e1 Dos par Cuatro de ese día. Si ello le es muy complicado, pídame que se la envíe por correo electrónico o par fax y con gusto lo haré.

Como ves, mi estimado Pablo, es en esta canasta donde debemos poner todos nuestros huevos. ¿Tú te imaginas este ejemplo repetido en todo el país? No quiero animarme mucho, pero me parece de lo más halagüeño que Tony Raful (El Secretario de Cultura, nada menos) se haya reunido con los representantes de los sectores privados que más han apoyado la cultura. De repente nos encontramos con planes conjuntos gobierno- sectores privadas, y eso también sería un gran paso trascendente.

Tú que has vivido en España debes sentir con más propiedad que el resto de nosotros el alborozo por lo de Operación Triunfo. Qué hermosura, qué gran muestra de eficiencia y profesionalismo. ¿Te imaginas eso aquí? Hay gente e instituciones del país que han hablado de seguir el ejemplo. Nos subiríamos al tren, varios países de Europa y algunos otros de América están en eso. Aquí es más que posible, la vieja escuela de RTVD hace unos años que fue reactivada y muchos jóvenes están recibiendo las enseñanzas en el canto de nuestra gloria don Guarionex Aquino. No es la de comparar, claro, pero debes recordar que era entonces requisito no sólo estudiar las técnicas vocales, sino meterse de lleno en baile, dominio escénico, dicción y no sé cuantas casas más. Hace años que aquí se tenía claro que una disciplina necesitaba el auxilio de las otras para ser efectiva. Nuestras grandes glorias vienen de ahí, incluyendo a doña Casandra, que dominaba el  canto, el baile y la actuación.

Hay facilidades de locación, maestros, estudiantes, sólo faltan los recursos económicos. No podemos vivir quejándonos de la pobre calidad de nuestro arte popular si no somos ni siquiera capaces de ofrecerles a nuestros jóvenes, instituciones donde poder prepararse. Mi visión ideal sería la de una súper academia que combine la enseñanza de la música y el canto desde esa óptica no tan nueva, pero que empieza a aplicarse aquí: la unión de lo clásico y lo popular en lo técnico, y la visión multidisciplinaria en lo práctico. Faltaba en la música y el canto, en el resto de las disciplinas artísticas hace años que se combinan estos elementos. Era como el último reducto de una visión hispanófila enfermiza que ha llegado demasiado lejos. Cantémosle su requiem.

A ti, gracias por dejarme tomarte de excusa para escribir todo esto y felicidades por tu nuevo "ascenso" a las filas del buen amigo Jochy Santos, tenemos que juntamos para la revancha en Compasillo, con vino y todo. Besos a las Paolas y a la ¿Rubia?, tu sabrás. Un abrazo.

Febrero 2001, Espectáculos de HOY

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LA FIESTA DEL CHIVO

Un poquito más de quinientos años después, todavía nos da trabajo reconocernos como los seres únicos y especiales que somos. El Caribe es una zona privilegiada del mundo donde todos los que viven fuera de ella, sueñan llegar alguna vez. Y a nosotros – hasta que salimos y logramos ver desde fuera – nos da “par de dos”. Vivimos enfocándonos desde cualquier realidad menos la nuestra. Así vamos, dependiendo de las corrientes de la marea, desde un hispanismo a un africanismo, sin pasar por go. Todo, menos nosotros; cualquier destino, menos el propio. ¿Cuántos años más nos faltan para dejar de ser afro-americanos, hispanos, latino-americanos, indo-americanos, anglo, franco…? Provenir no es ser. Mi hijo no soy yo, es él. Tomará de mi cualquier cosa útil y caminará por su ruta. Reconocer de dónde procedemos es buen asunto, pero deja de serlo cuando nos impide el propio desarrollo, ser nosotros mismos. El sueño del retorno a la Tierra Madre de los negros libertos norteamericanos, no era su sueño, era el de sus abuelos. Buen material para las noches de melancolía, con cuerdas de guitarras y acordes de Blues, pero pobre como realidad vital. Su Tierra Madre siempre estuvo a sus pies, sembrada y adobada por ellos mismos. Amada también. Los Criollos, si lo eran es porque ya habían dejado de ser españoles, franceses, ingleses o africanos. Eran todos y ninguno.

Tomando de aquí y de allá, se armó en esta región desconocida del mundo un “bembé” como nunca antes. El gran logro de Colón y su gente (un Nuevo Mundo), sólo sería palpable mucho después de sus muertes y a ritmo de merengue y son; cumbia y plena; Jazz y
Gumbo; Reggae y Tamborito. Todo ese mundo nuevo que fue posible crear en éste gigante laboratorio que siempre ha sido El Caribe, regó de sabor a la aburrida constelación norteña.

Este Mundo Nuevo, no lo fue hasta que lo descubrimos nosotros mismos, los hijos de la tierra, los abonados del mar. Nosotros, que armamos no sólo grandes naciones sino una música única, genial, entera. Una cultura nueva. Francia, España, Inglaterra, lo mismo que África, nos dieron mucho (y, algunas, nos quitaron más). De ellos tomamos elementos primarios para hacer, luego, unos ritmos locales, unas músicas nacionales, originales y hasta superiores.

El Caribe es una región única del mundo, que si alguna deuda tenía con sus mentores, la ha pagado con creces en especias y sabrosuras. Deberíamos levantar una instancia a la Organización de las Naciones Unidas, para que esos países, y el resto del mundo, nos devuelvan algo de toda la alegría y sabor dados.

13 de Septiembre, 2001- Espectáculos de HOY

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UN LIBRO AL AÑO NO HACE DAÑO

Estoy seguro de que si usted no ha ido ya, tiene la decisión tomada. Hay que aprovechar para llevar a la mujer y a los niños y comprarse finalmente ese libro que tanto se ha prometido, pero que no ha adquirido por falta de tiempo y los cuartos, que no están nada fáciles. Bueno, pero ahora sí hay que ir, no mas excusas. Total, un libro al año no hace daño y se ven de lo más monos en el estante del consultorio, en la oficina de la casa, o sobre la televisión. Quién sabe. Un día cualquiera  no llega el paciente de las cinco y usted se encuentra  sin nada que hacer por un par de horas, porque tiene un compromiso a las siete y no es verdad que va a coger para la casa para tener que salir de nuevo. Así que ahí está el libro y usted lo ve y lo toma en sus manos y lo abre y de repente lo está leyendo y le dan las siete y ni se entera y llegará tarde sin remedio, porque a usted también le pasó lo que millones de otros.

Así que no pierda ese ánimo, ese buen impulso, visite la Feria este año y no deje a los niños por nada del mundo. Ellos sí que la gozan, con José Rafael, Paula, Elvira, Basilio y los cientos de libros escritos para ellos o desde ellos. Leen los niños, no se crea lo contrario. Tengo un amigo que cuando sus sobrinos eran pequeños, tenía la costumbre de llevarles libros para los Reyes. Me cuenta que se aguantaba en firme sus miradas de conmiseración, pobre tío, está mal de la cabeza, pero el brillo de los juguetes se va y los libros quedan, me decía. Su apuesta era esa: los  libros quedan y alguien los lee alguna vez. Los leen, no cabe duda, esa historia que cuentan, ellos no la encuentran en la televisión ni en ninguna otra parte. Los leen, lo sé, o no le ha pasado a ustedes que al llegar a la casa encuentran  al mayor, al que ya aprendió a leer, con tu libro en las manos y después de la sorpresa, hey, cuidado con ese libro, te enteras, cuando preguntas que el sólo quiere saber qué es lo que tiene ese libro que tú no te lo despegas. Entonces, si no eres como mi amigo, tendrás que salir casi corriendo a La Trinitaria a conseguirle algo para su edad y posibilidades, y sentarte a leerlo con él.

Vaya, acabe de decidirse. Pasee mucho, no se pierda nada, compre sus libritos y no deje que le cuenten. Usted no es menos que el millón y medio que siempre va. Lea de a chin, uno a uno, no se precipite, total, nadie nunca podrá leerlos todos. Con boom o sin boom hay más libros que agua en los ríos. Lea el que tiene en las manos, acabe ese y coja el otro después. Luego, sin sorpresas, se dará cuenta de que puede hablar de lo duro que está Saramago y que García Márquez hace mucho que no escribe; que hay que conocer mejor al chileno que anda por aquí y que Vargas Llosa ya no dice nada o algo así. Ahora bien, si es que sólo puede ir un día y nada más, entonces que sea hoy.

Lleve a toda la familia, suegra incluida y espere a que den las nueve matando el tiempo, visitando pabellones, montándose en el tren; coma, beba, entretenga a los chicos, hágale caso a su mujer, ellas siempre saben más; ruegue que no llueva y luego encamínese a La Cueva de Santa Ana, donde estará Maniel. Ya ve, hay que darse su payolita de vez en cuando.

3 de mayo del 2001

 

 

 

EL SON DOMINICANO

(Conferencia 1er Festison del Bacho en la universidad de INTEC y debate posterior)

César Namnúm

 16 de marzo, 1998

Durante una buena cantidad de años hemos estado discutiendo la posibilidad del origen dominicano del Son, y sobre todo, si el Son puede considerarse un ritmo nacional como el merengue, la mangülina,  los palos del espíritu santo y otras tantas músicas y bailes. Mientras se discute, conozco muchas personas para quienes los asuntos teóricos no tienen la menor importancia. Para ese gran núcleo de dominicanos y dominicanas, poco importa si el Son nació aquí o en Guanajuato, siempre y cuando se pueda bailar. Sin embargo, hay que reconocer que no vinimos a hacer un conteo de quién sÍ y quién no, que es necesario plantear algunos asuntos polémicos o no, que nos permita dialogar y discutir sobre ellos. Quien les habla lo hará desde la perspectiva de aquel que, sobre todo ha tenido experiencias vividas dentro del oficio de músico de Son que asumió hace una buena cantidad de años. Lo que le ha permitido, desde el observador incluyente que es, constatar buena parte de lo que aquí afirmará. Pero también lo es aquel que ha logrado tener en sus manos algo de la poquísima información escrita que existe sobre el Son Dominicano, gracias a la magnánima benevolencia de buenos amigos; que de ninguna manera nos llevarán a conclusiones cerradas, puesto que lo que más abunda en el campo que hoy nos ocupa es la carencia investigativa. He dicho en diversas ocasiones que el Son es dominicano. Algunas veces con desparpajo y cierta arrogancia y otras muy humildemente. En cualquiera de los casos lo que realmente he pretendido es acentuar la atención sobre una música y un baile que nos acompaña prácticamente desde los mismos albores del nacimiento de lo dominicano. Entendido esto como el proceso histórico que toma forma y cuerpo con las guerras de Independencia y Restauraci6n. Efectivamente, creo que hay pocas dudas entre los entendidos de que el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado. Si me pusieran a escoger fechas, y lugares, yo diría que el Son dominicano surgió entre los años de 1870 y 90 alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa zona del país han surgido la mayoría de nuestros ritmos populares. Si ello es cierto, tal y cual creo, debemos entonces admitir que hay Son en Santo Domingo desde hace un poco más de cien años. Ahora bien, ya he dicho que no se ha realizado aun ningún rastreo ni investigaci6n rigurosa sobre este género. A lo sumo existen ciertas reseñas periodísticas del siglo pasado y del actual, dando cuenta de que en tal lugar se bailaba y tocaba Son; ciertos comentarios en tal o en cual libro de donde uno puede deducir esto y lo otro; una que otra persona que ha salido por ahí y ha visto y oído y ha seguido ciertos rastros que comprueban que lo que sí existe es el Son mismo. En otras palabras, música compuesta en tiempo de Son desde el siglo pasado. O sea, el son dominicano está ahí, lo que no está es la investigación. Y eso es harina de otro costal. Visto así, hablemos entonces de teorías e hipótesis. Mi creencia es que el son dominicano es un híbrido entre elementos hispanos y africanos lo que no es ninguna novedad. Que en el caso nuestro el Son parece haberse derivado del bolero, o es una forma nativa de tocar el bolero que al principio, y aún ahora en algunos lugares, era llamado bolero rítmico o bolero con jaleo. Que sin embargo, el más simple de los análisis armónico-rítmicos permite determinar que aquello ya no es bolero sino Son. Yo pienso que esta es la forma más original y primaria de la música y el baile mencionado. Con el tiempo, esta forma de tocarlo se le llamó bolero-son, y la tradición le endilga su invento a Miguel Matamoros. Por lo regular se habla de Lágrimas Negras como la primera composición en esta variante. Hoy, aquí, sabemos que no es así; porque aunque no tengamos tantos datos recopilados, se conoce que ya en el siglo pasado habían varios sones de la forma mencionada, compuestos y tocados por la orquesta de Danda Lockward, el padre de ese otro compositor muy conocido don Juan Lockward. Lágrimas Negras es de los años treinta de este siglo y para remate se ha comprobado que quien realmente lo compuso fue una mulata capitaleña de nombre Pura Reyes, cantante de tango, por mayores señas, quien sostuvo tórrido romance con Miguel en los tiempos de su publicitada visita durante el año del ciclón San Zenón. Se sabe además, que Matamoros sólo le agregó el jaleo final. Angela Peña y su Media Naranja hicieron pública esta información hace apenas algunos meses. Ahora bien, esto era muy común en esos años. Los compositores dominicanos de Son, a través del tiempo, cedieron gratuitamente y casi con orgullo, sus temas a artistas ya establecidos. Es el caso comprobado de Piro Valerio y Chencho Pereyra, dos santiagueros autores de buena cantidad de letras y melodías. Pues bien, digamos entonces que hay Son en Santo Domingo desde el siglo pasado y que la forma nativa de trabajarlo era el ya mencionado bolero con jaleo, y que esta forma se mantuvo relativamente pura entre nosotros hasta los años veinte de este siglo. Relativamente pura, porque sabemos que siempre ha habito un trasciego entre la patria de Martí y la de Máximo Gómez. Pero todo parece indicar que el flujo migratorio mayoritario para esos años era de aquí para allá. Primero por la ocupación francesa y haitiana y luego por las Guerras Patrias. Parece que, inclusive en el plano de la influencia musical, el proceso era en la dirección mencionada puesto que cuando el admirado escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier habla de su famosa trilogía danza- danzón - son, refiere que todo ello proviene de la contradanza francesa. Género musical que tenia entre nosotros muchos años ya y había sido determinante en el surgimiento del merengue por los años cincuenta de ese siglo. Claro que la mía es una mención cuasi frívola de un proceso harto más complejo pobremente estudiado en el país. Pienso que esto es un punto clave para determinar influencias de lado y lado en esos años. Pienso que hay que estudiar con singular particularidad la relación Sindo Garay - Danda Lockwud, de quienes se sabe que mantuvieron larga relación músical en el siglo pasado y al principio de este en Puerto Plata, tocando y cantando el primero en la orquesta del segundo. De esa época provienen varias de las composiciones de Don Danda en tiempo de Son, como el ya mítico Mercedita. Don Juan, su hijo, ha dicho en varias entrevistas que aprendió a tocar Sones y boleros viéndolos a ellos. Creo que hay que seguirle el rastro y escudriñar todo lo posible estas migraciones de aquellos años. Tengo entendido que el cantante dominicano Fernando Casado ha estado recogiendo algunos datos que piensa publicar pronto. Hace un tiempo, y un poco en esta línea, revisando temas y autores en un compacto del excelente grupo cubano Vocal Sampling, me sorprendí con la informaci6n de que el tema Ojos Malignos, un bolero rítmico, había sido compuesto por el dominicano J. F. Pichardo en el siglo pasado. Con este tema los Sampling le hacían un homenaje a la Vieja Trova de Oriente. ¿Un homenaje a la Vieja Trova Cubana con una canción de un dominicano? Quedé con la inquietud. Hace apenas unos días, en una revista de sociales de un periódico nacional, encuentro una reseña sobre la Familia Pichardo. Y entonces aprendo que buena parte de esta familia emigró al oriente cubano en 1795, año en que Francia recibió de España nuestra porción de la Isla. Según la crónica, los Pichardo se habían dedicado a las actividades artísticas y culturales en Santiago de Cuba. La gente, cuando pasa de un país a otro no sólo se lleva sus enceres materiales, también los espirituales. Es una verdad de perogrullo. ¿Se llevaron esta gente la célula rítmica del Son dominicano para Cuba? ¿O fue al revés? Ahora es difícil saberlo, a menos que emprendamos la largamente postergada investigación sobre éste y otros asuntos relacionados con el Son. Lo que sí es cierto es que la línea de composición de Sones de esa época se mantiene fiel al patrón mencionado, por lo menos hasta los años veinte. A partir de ahí, la historia es otra. En 1925 graba sones el Sexteto Habanero por primera vez. Según extendidas reseñas de prensa conocidas por mi, en el Cibao, sobretodo en Santiago, existían ya grupos del mismo formato durante toda esa década y las posteriores. Solo que desde entonces, es evidente que la influencia cubana es arrolladora. Los grupos soneros cubanos no sólo lograron grabar y difundir su música, que era escuchada perfectamente en la radio nacional si no que no tuvieron las trabas que tuvimos nosotros para grabar y difundir nuestra música. La diferencia la marcó la era del Jefe, que cersenó todas las posibilidades internas y externas de difundir el Son dominicano. Con el desarrollo de los medios de comunicación la reproducción de lo que dicta la tradición oral es eufemística. La gente reproduce lo que oye en mayor y mejor cantidad. Los años treinta, cuarenta y cincuenta sellaron el éxito de lo cubano en el campo del Son entre nosotros. Hoy por hoy la mayoría de los que todavía hacemos Son en Santo Domingo, lo hacemos a partir de la inigualable impronta cubana. Debo señalar varios asuntos aquí. El primero de los cuales se refiere a la necesidad impostergable de estudiar detalladamente lo que significó Trujillo para el avance o el estanque de la música popular dominicana, no sólo del Son. Sabemos, por ejemplo, que el dictador aupó el merengue cibaeño como bastión e hizo que se difundiera por todo nuestro territorio con una clara función política seudo nacionalista. Desde entonces, por esa suerte de tergiversación patriotera, el merengue es sinónimo de nación. Lo otro es que ningún proceso social o cultural es homogéneo. Siempre hay resquicios por donde se mueven otras corrientes. De alguna manera, el son de factura nacional ha perdurado y recientemente, aunque con otro nombre ha resurgido entre nosotros con inusitada fuerza. Ya no me refiero a ese proceso interesantísimo que ha sido aquel de mantener y preservar el Son, su cultura y su baile, por grupos sociales diversos, a pesar de la velada represión, lo que también ha sucedido, sino a las composiciones de sones a partir del patrón bolero con jaleo. Sea conciente o por pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que son al estilo de los de principio de siglo. Cualquier análisis comparativo entre esas composiciones y las actuales permiten afirmarlo. Como ya he hablado mucho y hay otros exponentes, debo concluir. Todo lo que he dicho aquí es más bien el recuento de un sinnúmero de carencias. Más lo que nos falta que lo que tenemos. Hoy no se puede afirmar que el Son es de origen dominicano. Tampoco lo contrario. Por lo menos no hasta que se lleve a cabo una buena investigación al respecto y se descarten o comprueben lo que hemos llamado dudas razonables. Y no es que importe gran cosa ya. Alguien dijo que los resultados son los que cuentan. Y lo cierto es que el Son hace tanto tiempo que gravita en el espectro musical dominicano que se ha ganado su registro de nacionalidad. El Son es tan dominicano como cualquiera de nosotros, sin que ello quiera decir que no lo sea cubano, puertorriqueño, venezolano, colombiano o mexicano también. Similares procesos históricos y culturales nos hacen uno, sobretodo en la música. Finalmente debo señalar que esta isla es demasiado rica en elementos musicales y rítmicos como para que todavía se nos quiera engañar con la falacia del ritmo único.

Muchas gracias.

 

El son dominicano según César Namnúm

Dagoberto Tejeda Ortíz

Para mi hermano, Gustavo Arias

Hace unos días fue celebrado un coloquio sobre el Son en Intec, dentro de las actividades del Primer Encuentro Caribeño sobre el Son, que organiza el amigo Raúl Pérez Peña dentro de su programa de televisión "Nocturnal", en el cual participaron como ponentes César Namnúm, Tommy García y Dagoberto Tejeda.

Dejemos para otra entrega mi ponencia y la de Tommy, para hacer algunas reflexiones sobre la de César, porque considero que es una provocación interesante para profundizar las investigaciones y las discusiones sobre el Son como género musical, su origen, desarrollo, característica y perspectivas, sobre todo en lo que se refiere a la definición de la música popular dominicana.

DOMINICANIZACION DEL SON

En su ponencia, Namnúm plantea, entre otras cosas, lo siguiente:

1.- "He dicho en diversas ocasiones que el son es dominicano. Algunas veces con desparpajo y cierta arrogancia y otras muy humildemente. En cualquiera de los casos, lo que realmente he pretendido es acentuar la atención sobre una música y un baile que nos acompaña prácticamente desde los mismos albores de lo dominicano. Entendido esto como el proceso histórico que toma forma y cuerpo con las guerras de Independencia y Restauración. Efectivamente, creo que hay pocas dudas entre los entendidos de que el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado. Si me pusieran a escoger fechas, y lugares, yo diría que el Son dominicano surgió entre los años de 1870 y 90, alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa zona del país han surgido la mayoría de nuestros ritmos populares".

2.- Para sustentar su afirmación de que el son es dominicano, César comienza diciendo: Aunque "no se ha realizado aún según rastreo ni investigación rigurosa sobre este género, existen ciertas reseñas periodísticas del siglo pasado y del actual, dando cuenta de que en tal lugar se bailaba y tocaba Son, ciertos comentarios en tal o en cual libro de donde uno puede deducir esto y lo otro".

3.- Y dada la ausencia de mucha documentación, termina diciendo: "En el caso el Son parece haberse derivado del bolero, o es una forma nativa de tocar el bolero ya que al principio, y aún ahora en algunos lugares, era llamado bolero rítmico o bolero con jaleo. Que sin embargo, el más simple de los análisis armónico-rítmico permite determinar que aquello ya no es bolero sino Son".

4.- Fundamentalmente, en base a todo esto, termina diciendo: "De alguna manera, el Son de factura nacional ha perdurado y recientemente, aunque con otro nombre ha resurgido entre nosotros con inusitada fuerza. Ya no me refiero a ese proceso interesantísimo que ha sido aquel de mantener y preservar el Son, su cultura y su baile, por grupos sociales diversos, a pesar de la velada represión, lo que también ha sucedido, sino a las composiciones de sones a partir del patrón bolero con jaleo. Sea conciente o por pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que son al estilo de los de principio de siglo".

5.- Aunque César dice que "hoy no se puede afirmar que el Son es de origen dominicano", hay intencionalidades subyacentes para demostrar que no es cubano. Aunque no toca lo de las hermanas Ginés, Teodora y Micaela, dice que el Son, "la tradición le endilga su invento a Miguel Matamoros". Y como la "primera versión de esta variante, Lágrimas Negras" es de los años treinta de este siglo", la cual se le atribuía a Matamoros, en realidad ahora se ha descubierto" que quien la compuso fue una mulata capitaleña de nombre Pura Reyes, cantante de tango", quien "sostuvo tórrido romance con Miguel", lo que quiere decir, que mucho antes de los cubanos hacer Son ya lo habían hecho los dominicanos y para colmo ni siquiera el primero era de ellos sino de nosotros. Es más, "se conoce que ya en el siglo pasado habían varios sanes, compuestos y tocados por la orquesta de Danda Lockward, el padre de ese otro compositor muy conocido don Juan Lockward". Y cuando en 1925 graba Sones el Sexteto Habanero por primera vez, "según extendidas reseñas de prensa conocidas por mí -dice Namnúm-, en el Cibao, sobre todo en Santiago, existían ya grupos del mismo formatos durante toda esa década y las posteriores", razón por lo cual, uno saca en conclusión que el Son dominicano es primero que el cubano.

El Son cubano se difundió a nivel internacional más que el dominicano, a pesar de que el nuestro fue primero, según la ponencia de Namnúm por causa del sistema social imperante en nuestro país en esos tiempos, ya que "la diferencia la marcó la era del Jefe, que cercenó todas las posibilidades internas y externas de difundir el Son dominicano".

LOS SONES DEL SON

Ante todas estas afirmaciones de nuestro amigo César Namnúm, vamos hacer algunos comentarios:                                  

A.- Ninguno de los investigadores, especialistas, etnomusicólogos, nacionales o extranjeros, que han estudiado la música popular dominicana, entre los cuales están  Emilio Rodríguez Demorizi, Enrique Marchena Dujarric, Julio Alberto Hernández, Luis Alberti, Flérida de Nolasco, Francisco García, Bernarda Jorge, J. M. Coopersmith, Martha Ellen Davis, etc., han tenido la tentación y ni siquiera han  insinuado que el Son sea dominicano.     

El profesor Almanzar González Canahuate, en su "Recopilación de la Música ­Popular Dominicana", donde hay una investigación muy ponderada, asesorado reconocidos músicos dominicanos: Bienvenido Bustamante, Papa Molina, Chiquitín Payamps, Ello Cabrera, sólo recoge sones de autores dominicanos: "La Mulatona", de Piro Valerio y "Tirando y Escondiendo la Mano", de Eloy Tejada. Esto nos dice a nosotros de manera ob­jetiva, que el Son no fue una expresión ­trascendente, masiva, nacional, ya que si lo fue, no es posible que sea ignorado por especialistas ni que fuera de tan poco interés para los investigadores sobre la popular dominicana.

B.- "El Son es, en la música cubana, un género o especie de canto y baile donde concurren influencias que se toman, fundamentalmente, de la sonoridad de la cuerda pulsada" (Argelieres León), donde el centro es el tres, y donde participan, entre otros instrumentos básicos, el bongó y la clave.  Los géneros musicales tienen variantes. Lo que se conoce hoy como Son corresponde al modelo cubano, a nivel instrumental, rítmico y estructura vocal del solo y la respuesta. Hay modalidades, en Cuba está Changüí y el Sucu Sucu, que en opinión de algunos ni siquiera son formas, sino los que originaron el son.

Aquí puede que exista una modalidad, sin que por ello implique que sea de aquí. Por ejemplo, en Puerto Rico o en Haití, hay merengues, pero son modalidades con elementos comunes y diferencias con el merengue dominicano. Compositores de esos países escriben merengues, pero ellos no dicen que son merengues puertorriqueños. Son hechos allá, con temática de allá, pero dentro del modelo del merengue definido como dominicano.

Por eso, una cosa es que compositores dominicanos escriban sones, dentro del modelo cubano, y otra cosa es que se diga que son dominicanos.

C.- La ponencia de Namnúm es interesante para el levantamiento de hipótesis, desde el punto de vista científico, para realizar una investigación, pero no para asumido como conclusiones, sobre todo cuando son afirmaciones sin documentaciones. Las afirmaciones de que "el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado", de que "surgió entre los años de 1870 y '90, alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto Plata", así como el comentario de que existen ciertas reseñas periodísticas del siglo pasado, etc no dice cuales son específicamente, no señala las fuentes, los autores, etc. lo cual, de un dato objetivo, lo convierte en simple especulación.

D.- Hay varias afirmaciones erradas, tan por ejemplo, eso de que el Son comienza de con Matamoros.

E.- De igual manera, afirma, pero no prueba en ningún momento, que el son dominicano, diferente al cubano, se deriva del bolero o que la "bachata fina" (?)"Sea Son al estilo de los de principios de siglo", al igual que colocar a Trujillo como el responsable de la detención o casi desaparición del Son dominicano. En ningún caso Namnúm aporta pruebas o aporta argumentos de sustentación. Sólo son afirmaciones y especulaciones. Aquí pudo haber o hay modalidades de Son, pero dentro del género cubano. El mismo César acaba de componerle un hermoso Son a Chencha y Bonyé que es un ejemplo de  esto. Igual, una cosa es que existan compositores dominicanos que escriban Son y otra cosa es la producción sonera como movimiento. De todas maneras, la ponencia de César Namnúm, con las diferencias o no que puedan tener, es un documento y una provocación para la discusión, la investigación y la profundización sobre el Son. Ojala que él mismo acepte este desafío y siga trabajando en el Son.

(Ultima Hora, 1998)

Dago, digo lo que dije…

César Namnúm

Durante su reciente visita al país, el investigador cubano Helio Orovio, nos ilustró sobre las fuentes del son cubano. El señor Orovio, autor del muy ponderado "Diccionario de la música cubana", nos refiere que el son cubano proviene de varias fuentes primordiales. A saber: el Sucu-Sucu y el Changüí, en el oriente y la Rumba, el Güagüancó y el Bolero, en la Habana. Deja claro que las influencias de estos tres últimos fueron definitorias para darle el cuerpo final al Son cubano que conocemos hoy. Además nos da fechas. Aprendemos entonces, que el son se impuso en la Habana durante los años veinte de este siglo. Lo que es perfectamente coincidente con el inicio de las grabaciones de sones en cuba, 1925-26, con el Sexteto Habanero. Hace algunos años, cerca de diez, el etnomusicólogo dominicano y actual director del Archivo Nacional de Música, Julio César Paulino Féliz, me hizo participe de un descubrimiento hecho por él hacía ya algún tiempo: desde el siglo pasado hay composiciones de sones en el país, que no corresponden en estructura ni forma de tocarlos, a las orientales cubanas provenientes del Changüí o el Sucu-Sucu. En realidad, agrego yo, entre nosotros no se conoció el Changüí- que le llegó a los cubanos vía Haití, con evidente influencia de la contradanza francesa- ni el Sucu-Sucu. Estoy seguro que para muchos de ustedes, es la primera vez que escuchan estas palabras. En cuanto a la rumba y el güagüancó, muy populares en la Habana, su aprecio entre nosotros es bien reciente y más bien nos llegó desde Nueva York, vía el movimiento de la salsa de los setenta. A partir del bolero, los cubanos dicen haber creado el bolero son. Padre de cuyo ritmo es considerado Miguel Matamoros, a partir de una composición de 1930 de título "Lágrimas negras". Antonio Mesa (El Jilguero de Quisqueya), dominicano de color negro, grabó al principio de los veinte en Puerto Rico, temas de Luis -Danda- Lockward, puertoplateño, padre de Juan Lockward, y de los santiagueros Inocencio –Chencho- Pereyra, Bienvenido Troncoso y Piro Valerio, quienes eran de los principales compositores de la época. Varias de estas composiciones eran conocidas entre ellos, como bolero rítmico o con jaleo, una forma de tocar el bolero que acelera la última parte, terminando a menudo en coros, como "La Mulatona" de Piro, "Mi llegada a Macorix" de Troncoso, "Mercedita" de Danda y otros. En 1929, Eduardo Brito llega a New York para una sesión de grabaciones en los estudios de la RCA-Victor. El primer tema que graba es la Mulatona. Iba acompañado por Bienvenido Troncoso, Chita Jiménez y Enrique García. De todos los temas grabados, 10 ó 12 eran de esos que ellos llamaban boleros rítmicos o con jaleo. Danda, el más viejo, Piro, Chencho y Troncoso habían nacido en el siglo pasado y eran compositores maduros para los años veinte. Hoy se sabe -a partir del análisis musical de éstos- que sus boleros rítmicos o con jaleo eran en realidad sones. Y es lo que Paulino Féliz y yo llamamos el Son Dominicano, puesto que esta forma de tocar el son no era conocida en ninguna otra parte. Es el origen de lo que luego se llamó bolero-son y se expandió por el mundo entero, bajo la impronta de Los Matamoros. Es, por lo tanto, un aporte de los dominicanos a la música popular de América. Todo lo que he afirmado en los párrafos anteriores es perfectamente comprobable: Las declaraciones de Orovio fueron reseñadas por el periodista Jorge Jiménez en el periódico HOY. El etnomusicólogo Paulino Féliz existe y sus afirmaciones han sido reseñadas por este periódico y otros medios de masas. El Sucu-Sucu, el Changüí, la Rumba y el Güagüancó no son músicas comunes en Santo Domingo como para provocar, digamos, la vertiente dominicana del son. De ser así, sería la primera prueba conocida de que la teoría del desarrollo de las especies de Darwing es aplicable a la música. Miguel Matamoros es considerado erróneamente el padre del bolero-son. No sólo hay composiciones de dominicanos con este ritmo anteriores a Lágrimas Negras, sino que ni siquiera ese tema es de su autoría. Lágrimas Negra es un tema dominicano compuesto por Pura Reyes, capitaleña, escrito en despecho al abandono de que había sido objeto por Miguel al marcharse a Cuba, luego de su visita en 1930. El mismo tema, claramente armado desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le agregó el jaleo. Antonio Mesa y Eduardo Brito fueron dos de nuestros grandes cantantes. Existe profusa información sobre sus vidas y quedaron en acetato algunas de sus grabaciones: Mesa con el Trío Borinquen, Brito con mucha gente. Paulino y yo conocemos esas grabaciones, al igual que otras personas. Danda, Piro, Chencho y Bienvenido, junto con Juan Lockward, y algunos otros contemporáneos y bohemios, son de los mejores compositores de sus épocas, merecedores de mejor suerte en lo que a difusión respecta. De cualquier manera, sus obras han quedado, sea grabadas, sea en la tradición popular. Toda esta información va, sobretodo, para mi buen amigo Dagoberto, que ha tenido problemas para ubicar datos sobre el son dominicano y que, por lo tanto, pone en dudas que exista: (el Son Dominicano según César Namnúm, Ultima Hora). Dago dice que el son dominicano no es más que una variante del son cubano. Bueno, para que ello sea cierto, tiene que probar de cuál de las fuentes del son cubano proviene: si del sucu-sucu, si del changüí, si de la rumba o el güagüancó. Y cuándo y por dónde entraron estas músicas al país. Entre otras cosas un poco más complicadas, como el análisis armónico de esos ritmos y la música que se compone aquí. Habrá que demostrar que los boleros-sones cubanos son anteriores a los dominicanos y sobre todo, borrar con tinta china las obras de los autores dominicanos mencionados. Porque mientras haya aún sea un sólo bolero rítmico o con jaleo, es la evidente muestra de un género que está ahí aunque hayamos sido incapaces de desentrañar sus raíces. Ahora bien, si lo que mi amigo Dago quiere demostrar es que el Son que se oye y se baila en los centros especializados del país, es fundamentalmente el grabado y compuesto por cubanos, tiene toda la razón. Pero es todo lo que prueba. Queda por ver qué lo determinó y cuándo. Queda por averiguar qué pasó con nuestros compositores y músicos de son. ¿Se quedaron en la gatera? ¿Por qué no grabaron ni difundieron su música? ¿Qué se lo impidió? Si lo que él quiere demostrar es que el son que se impuso en el mundo entero fue el cubano, porque fueron ellos quienes mejor lo trabajaron, tiene toda la razón nueva vez. Cuba es una gran nación que le ha dado el valor a sus cosas que nosotros no le hemos dado.

Especial para Areíto, HOY, 1998

El Son y el bolero-son de César Namnúm

DAGOBERTO TEJEDA ORTIZ

A nuestras reflexiones sobre una po­nencia del "El Son Dominicano" de César Namnúm, éste ha respondido en el suple­mento Areíto del periódico Hoy del do­mingo 19 del presente, con un articulo ti­tulado "Dago, Digo lo que Dije". En este trabajo, Namnúm insiste en afirmar dos aspectos básicos:

a).- Que "desde el siglo pasado hay composiciones de sones en el país que no se corresponden en estructuras ni forma de tocarlos con los orientales cubanos".

 

b).- Que entre los compositores más importantes del Cibao, algunos al final del siglo pasado y a principios del presen­te, compositores como Luis –Danda- ­Lockward, Inocencio -Chencho- Pereyra, Bienvenido Troncoso y Piro Valerio, entre otros, tenían composiciones que "eran co­nocidos entre ellos como bolero rítmico o con jaleo, una forma que acelera la última parte, terminando a menudo en coros, co­mo "La Mulatona", de Piro; "Mi Llegada a Macorís", de Troncoso; "Mercedita" de Danda y otros".

Sigue diciendo Namnúm que "hoy se sabe -a partir de análisis musicales de es­tos- que sus boleros rítmicos o con jaleo era en realidad sones. Y es lo que Paulino Félix y yo llamamos el Son dominicano, puesto que esta forma de tocar el Son no era conocida en ninguna otra parte. Es el origen de lo que luego se llamó bolero­-son, que se expandió por el mundo entero por la impronta de los Matamoros. Es por lo tanto, un aporte de los dominicanos a la música popular de América".

 

c).- Para demostrar que el Son es dominicano, César tiene que probar que el bo­lero son nuestro es primero que el cubano. Por eso afirma que "Miguel Matamoros es considerado erróneamente el padre del bolero-son. No sólo hay composiciones de dominicanos en este ritmo anteriores a Lágrimas Negras, sino que Lágrimas Ne­gras es un tema dominicano compuesto por Pura Reyes, capitaleña, escrito en des­pecho por el abandono de que había sido objeto por Miguel Matamoros al marchar­se a Cuba, luego de su visita de 1930. El mismo tema, claramente armado desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le agregó el jaleo".

 

d).- Y para que no exista duda de la di­ferencia del "Son Cubano" y el "Son Do­minicano" una conversación, según él, con Helio Orovio, donde este le dice "que el son cubano proviene de varias fuentes primordiales, a saber: El Sucu-sucu, y el changüí, en el Oriente y la rumba, el gua­guancó y el bolero, en La Habana". Agre­gando: "Es claro que las influencias de es­tos tres últimos fue definitoria para darle el cuerpo final al son cubano que conoce­mos hoy".

 

En su trabajo, Namnúm insiste en de­cir que yo afirmo "que el Son dominicano no es más que una variante del Son cuba­no". Por eso, termina diciendo:

 

a).- Que yo tengo "que probar de cuál de las fuentes del Son cubano proviene. Si del Sucu-Sucu, si del Changüí, si de la Rumba o el Guaguancó".

b).- Que yo debo demostrar que "los boleros-sones cubanos son anteriores a los dominicanos".

c).- Y que toda esta tarea de investigación e interpretación era un trabajo apropiado del Instituto Dominicano de Folklore, que yo dirijo, que de él.

LOS SONES DEL SON

Lo primero es que César, al igual que en su ponencia, juega a la especulación y margina la dimensión científica del análi­sis y la exposición, primero porque repro­duce y afianza sus afirmaciones en con­versaciones privadas que ni siquiera colo­ca entre comillas, para que se pueda dife­renciar el contenido de él y de sus entre­vistados, lo cual hace imposible que se puedan comentar críticamente las mismas por las faltas de fronteras en ellas y él. Por ejemplo, en su conversación con Helio Oravio, al éste referirse a las fuentes del Son cubano, pone en las mismas al bo­lero. Que me perdone Namnúm, pero ten­go dudas que Helio afirmara esto. Creo que hay un error, porque en el caso cuba­no no creo que exista relación alguna. En segundo lugar, en lo que los etnomusicólogos han definido como género Son, en Cuba por ejemplo, estos son dos cosas diferentes, donde en la formación del Son, el bolero no jugó ningún papel estelar. La relación vino después, cuando el Son tenía su carnet de identidad e inclu­so, la presencia del bolero en el Son trajo por consecuencia lo que José Loyola Fer­nández denomina como" el bolero sonea­do y el bolero-son", cuyo análisis no es ob­jeto de este trabajo. En tercer lugar, si César Namnúm lla­ma Son, y dice que también nuestro ami­go Julio César Paulino, al ''bolero-son'' de Danda, Chencho, Piro, etc., esto es otra discusión, pero este no se corresponde musical, instrumental, rítmicamente al modelo del Son cubano, género por el cual se han hecho todos los "Sones domi­nicanos" recientes, como el caso del homenaje a Chencha y Bonyé del propio Namnúm. En cuanto lugar, César no respondió a las interrogaciones básicas de nuestro tra­bajo. Por ejemplo, él afirmaba que "el Son dominicano surgió entre los años 1870 Y 1890, alrededor de las ciudades de Monte­cristi y Puerto Plata. Lo que no debe resul­tar extraño, porque en esa zona del país han surgido la mayoría de nuestros rit­mos populares". Sigo pensando que hay una equivocación, ya que en Santiago había más tradi­ción musical y mayor fuente de síntesis de españolización y criollización, y además, no sé de dÓnde saca César que de "esa zo­na del país han surgido la mayoría de nuestros ritmos populares", porque real­mente no sé a cuáles él se refiere, porque no los menciona ni yo sé cuáles son. Asimismo, en su ponencia él afirma que "sea consciente o por pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que Son al estilo de principios de siglo". El no la define, pero no sé exacta­mente cuál es la "bachata fina". Me da miedo esta afirmación, porque siento un aire de discriminación musical, entre lo "culto y lo popular". Espero equivocar­me, porque César no piensa así. Por eso es mi extrañeza. En el trabajo que estamos comentando, como en su ponencia, César insiste en afir­mar que, "Lágrimas Negras es un tema dominicano, compuesto por Pura Reyes, capitaleña, escrito con despecho por el abandono de que había sido objeto por Miguel Matamoros al marcharse a Cuba, luego de su visita de 1930, el mismo tema, claramente desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le agregó el jaleo. César hace esta afirmación, pero no tie­ne ninguna sustentación documental ni testimonial. En ambos trabajos sólo lo proclama. Me parece extraño que Miguel negara esto siendo verdad, ya que en una entrevista muy famosa que le hiciera Al­berto Muclercia (Publicada en la Revista "En la Expresión de los Pueblos", mayo-­diciembre 1975) expresó enfáticamente: "Lágrimas Negras" "es un bolero-son, pero no lo compuse por un asunto mío, no señor, sino por una vecina que siempre llegaba a la casa lamentándose de que el marido, sin razón, la había abandonado, por eso, la poesía dice: Aunque tú/ me has dejado en el abandono/ aunque tú/ has muerto todas mis ilusiones/ en vez de maldecirte con justo encono / en mis sueños te colmo / en mis sueños te colmo / de bendiciones". De sus declaraciones se saca en conclusión, además, de que cuando él vino a Santo Domingo en el 1930, ya estaba compuesta "Lágrimas Negras". Namnúm plantea en la conclusión de su trabajo, que el trabajo de investigación, interpretación y definición sobre el Son en dominicana, debe asumirlo el Instituto Dominicano de Folklore. El tiene ahí parte de razón. En la programación del 98, sin haber conversado nunca sobre esto con el Bacho, hay elaborado un proyecto para la realización del "I Encuentro Caribeño So­bre el Son", que estaba previsto para des­pués de las elecciones. Ya que el Bacho to­mó la iniciativa de hacerlo, nosotros deci­dimos apoyarlo. Por eso, Tommy García y yo, participamos en el Conversatorio So­bre el Son en Intec y por eso, estamos publicando un Manual sobre el Tres de audi­toría de Tommy García que es miembro de INDEFOLK, al igual que Namnúm.

Volveremos sobre el tema.

ULTIMA HORA, DOMINGO 10 DE MAYO DE 1998

 

CARTA PARA UN FINAL

César Namnúm

Estimado Dagoberto: Leí tu artículo en el Última Hora del domingo pasado, donde nueva vez pones mi nombre en grandes caracteres- no sabes cuán vano me siento - para responder el mío de este periódico. Ahora, obligado a la réplica, aún sea por pura cortesía, me parece que estamos abusando un poco de la generosidad de la gente, la mayoría de las cuales, cuando de Son se trata, prefieren bailarlo y no teorizarlo. Te propongo que dejemos las cosas donde están, por lo menos a nivel de prensa, y nos aboquemos a realizar la tan necesaria investigación sobre el Son en Santo Domingo (fíjate que no dije el Son Dominicano, estoy conciliador en estos días), y arrojar los resultados en uno o varios libros, acompañados de sus respectivos discos, como es el estilo en esos casos. Sobre todo, como tú bien lo dices, porque estamos en el mismo bando, y somos miembros del Instituto del Folklore, quien debe comandar, sin dudas, la investigación. Dispuesto estoy a ser parte de los muchos trabajos que se derivarían de una investigación como la sugerida, sin preocuparme gran cosa por quién la dirige o sustenta, siempre y cuando se lleve a cabo. Igualmente me integraré a los trabajos organizativos del Festival que tienes en mente armar, me consta, desde antes que el de Bacho. Tanto aquel como este no son más que calentamientos, ejercicios de embocadura, para el objetivo final: Armar La Teoría del Son en Santo Domingo. Para lo mismo vale esta réplica, mis artículos anteriores y los tuyos. Estamos afinando la puntería.

Yo no conozco a Helio Orovio, Dago. Nunca lo he visto en mi vida, sólo en fotos. Recorté del periódico HOY la reseña que redactara Jorge Jiménez de sus declaraciones, en la Rueda de Prensa de Casa de Teatro, durante el FestiSon del Bacho. Te cito…"EI musicólogo recordó que al llegar a la Habana en los años de 1920 y más bien un poco antes, se convirtió en otra cosa, pues nació el Son habanero con el Sexteto Habanero. Y ya el son se enriquece en gran medida, con otros instrumentos…" Helio Orovio recordó también que las claves no se tocaban en el son originario de Oriente. "Estas claves se incorporaron en La Habana por los años veinte y nace el Son Habanero, permeado por el Guaguancó y el Bolero…Ya es un Son, no un simple Cuarteto o un Montuno como era en Oriente, sino ya tiene un tema más largo, una cosa narrativa, y desde el punto de vista armónico y melódico se enriquece mucho". Dice más Orovio, pero no quiero cansarte con estas citas, te invito a buscar el artículo para que lo leas entero. Hay afirmaciones que llaman mucho la atención. Por ejemplo, en algún momento habla de la influencia de Santo Domingo en el Son, solo que ese Santo Domingo al que él se refiere es Haití…"Es decir, de los haitianos, que fueron llevados desde fines del siglo XVIII y principios del XIX para Cuba y llevaron para allá La Tumba y El Congo Y todos esos Bailes de aquí…" Yo te pregunto ¿No te parece extraño que cuando los cubanos hablan de influencias de Santo Domingo en su música, sólo se refiere a las migraciones haitianas? La Tumba, El Congo, La Contradanza y otras músicas que los cubanos admiten como influencias en sus ritmos populares, eran divisas comunes en Santo Domingo (toda la isla) en los años a los que ellos se refieren. ¿Sólo les llegó de un lado y no del otro? Y ¿Qué de la oleada de nativos de éste lado que cogieron para allá durante esos años? Creo que tú compartes conmigo la idea de que es a nosotros a quienes nos corresponde darle respuestas a esas interrogantes. Angela Peña, en su columna "La Media Naranja", y su articulo "El idilio de los Matamoros con una Dominicana", del 27 de junio del año pasado, dice lo siguiente: "Lágrimas Negras, la preciosa canción de los Matamoros que recorre el mundo y que cada vez más se canta y se graba, fue escrita por una bella dominicana que, según versiones, tuvo un romance con Miguel, uno de los integrantes, surgido en 1930 cuando el trío estuvo de visitas por el país. Se llamaba Pura Reyes. "Era una dama alta elegante, india, de ojos verdes y cabellos negros, muy amante del arte y que fue famosa en esos años por un tango que siempre cantaba en El Capitolio… Hace mucho, dijeron los habaneros, un periodista dominicano publicó lo del idilio, confesado por el propio Miguel, ya anciano, pero no aportaba el nombre… Su identificación fue ofrecida por el Dr. Fernando Morbán Laucer, al comentarle la noticia, quien confirmó también, que ella es la autora de los primeros versos de Lagrimas Negras. Sólo el estribillo, según él, es obra de los Matamoros…" Sírvase usted. Paul Austerlitz, Profesor Asistente de Etnomusicología en la Universidad de Miami, editó el año pasado un libro sobre el Merengue Dominicano, producto de una investigación de varios años. Dicha investigación fue auspiciada, pagada y editada por la Temple University de Filadelfia. El libro viene acompañado de un disco compacto y fue impreso en Inglés. Se que ese idioma no te es extraño, de manera que te pido que leas en las paginas 112 y 114 lo dicho sobre las bachatas de Juan Luís y la influencia del Son en ellas (él les llama Son-Bachata). Un personaje de su autoridad justifica lo que otros músicos dominicanos hemos dicho: la Bachata de Juan Luis, Vitico, Manuel y otros (fíjate que no incluyo a Luís Díaz, que no es el mismo caso), no es tal sino Son. Para mi, que las he comparado, estas composiciones se asemejan bastante a las compuestas a principio de siglo por Bienvenido Troncoso, Chencho Pereyra y Piro Valerio. O sea, una suerte de vuelta al archi mencionado Bolero Rítmico. Si quieres alguna vez te desgloso esta hipótesis y te hablo de sus vías conectoras. Finalmente querido amigo, yo, que me reconozco mucho menos informado que tu en la materia, cometo el sacrilegio de afirmar que los principales ritmos populares del país provienen del Cibao. A menos que el cuento sea otro y que yo no haya estado ahí cuando lo contaron, La Criolla, El Bolero (de Santo Domingo) la Bachata, El Merengue y El Son (de Santo Domingo) son de origen cibaeño. Usted dirá. Con esta me despido, no tengo aficción por las disputas de periódicos y mucho menos tu bagage y acopio de datos, en algún momento meteré la pata, sino lo he hecho ya. Eso si, cuenta conmigo para los trabajos que vienen por ahí y los posteriores.

 Te reitero mi profunda amistad y admiración.

Especial para AREITO, HOY, 1998

 

 

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