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SECUENCIA ARBITRARIA DE
ARTÍCULOS PUBLICADOS ENTRE 1998 Y 2001 EN EL PERIÓDICO HOY,
EN LA COLUMNA SEMANAL DE NOMBRE "DOS POR CUATRO"
El
río de la memoria
César Namnúm
Vivíamos en
esos años detrás de lo que era Obras Públicas, en las afueras del pueblo. Único
lugar donde mi padre había logrado conseguir un empleo y una casa que alquilar,
presumo que por intermedio de algún buen amigo, aún a costa de su posible
desgracia. Don Juan, se había declarado opositor a Trujillo después de lo de las
Mirabal y eso lo expuso no sólo a la represión sino a la muerte civil. Los
amigos eran muela de gallina entonces.
A pesar del
repudio de nuestros compañeritos de la escuela y del barrio; aún sintiendo – yo
tenía nueve años – la gravedad del asunto en forma de paleros que pasaban
amenazadores y agresivos por la casa; la falta ostensible de dinero y la
desgracia pública; nosotros éramos cercano a felices. Seis hermanos (cinco para
la época, mi madre estaba en cinta del más pequeño), cinco de los cuales
varones, no sentíamos realmente la falta de los amiguitos y amiguitas. Mami
decía “vayan a bañarse” y entendíamos “váyanse al río”. El Río San Juan estaba a
una cuadra de la casa y nos íbamos en fila india, los mayores cuidando a los
pequeños y el pueblo entero, sus ojos sobre nosotros.
El azulito, el
tocón, el charco de los cueros y debajo del puente, eran nuestros puntos
predilectos. El San Juan no estaba represado entonces y dejaba bajar su torrente
entero de aguas cristalinas y frías, desde la cercana cordillera. Es el único
río, de los muchos que conozco, que forma una gran isleta, llamada por los
lugareños, con extraña bíblica instrucción, La Mesopotamia, de triste fama en
años reciente. La gran fiesta era cuando íbamos todos: Papi, Mami, doña Ercilla
y el muchacherío, en excursiones domingueras al torrente más lejano, después
del segundo puente.
Ese río, que
sólo acepta la rivalidad del Mijo en mis recuerdos, por razones muy opuestas,
fue de primordial importancia en mi formación. A menudo recorro su cauce en mi
memoria, aunque la razón y las evidencias me muestren que no es el mismo.
Recorro su cauce en mis recuerdos como antes lo hacía en tubos inflados de gomas
de camiones.
Después,
Trujillo bien muerto, el Partido Dominicano convertido en escuela de Bellas
Artes, mi padre restablecido en su prestigio y, más importante aún, restituido
en sus puestos de trabajo: jefe del cuerpo de Bomberos, Secretario de la Cámara
de Comercio, Delegado de Deportes y un largo etcétera, enfoqué mi interés en las
artes y los deportes en partes iguales. Ya yo estudiaba solfeo con don Luís
Cadena, tronco de una gran familia de músicos, que nos enseñaba las notas y los
silencios a reglasos por equivocación. Eran de esas reglas de madera de bordes
finos que dolían muchísimo en los huesitos de los dedos. O aprendes o lo deja, y
eso de dejarlo siempre dependía no tanto de nuestra voluntad si no de la de los
padres.
Ir a Bellas
Artes, recién abierta por doña Monina Cámpora, era una suerte de premio mayor.
Un día, presumo que por secreta intervención de mi papá, doña Monina me llamó
para que estudiara en la escuela. Ella venía de la capital y había sido parte
del elenco de La Voz Dominicana. Tocaba piano, cantaba y bailaba como nadie
había visto en San Juan de la Maguana hasta entonces. Creo que allá la conoció
mi padre, quien me traspasó su anhelo de bien llevar una educación artística.
Cuestión que su madre y los avatares de la vida le impidieron. Por lo menos en
lo profesional, porque no recuerdo un acto público donde mi padre no cantara sus
bien entonados tangos.
Un coro a seis
voces, que llegó a ganar competencias nacionales (como premio fuimos por casi un
mes a actuar en Puerto Rico) una rondalla, un grupo de teatro infantil, una
orquesta femenina, varias temporadas (veladas) al año, pintura, escultura,
música (también hubo una orquesta de la escuela) canto y no sé cuántas cosas
más. Al principio quería estudiarlo todo y llegué a tomar clases de pintura y
escultura; teatro y música; cantaba en el coro; formaba parte de la orquesta de
la escuela; participé en varias obras de teatro y estaba en primera fila a la
hora de ser parte del elenco de las veladas. “El que mucho abarca poco aprieta”
me dijo un día doña Monina y tuve que recortar mis ímpetus infantiles, no sin un
gran sentido de pérdida.
Lo que cuento
pasó en un tiempo corto o largo de tiempo, no preciso. Sé que estudie por varios
años en Bellas Artes y que ha pasado mucho agua por debajo de los puentes del
río San Juan, pero no tanto como para olvidar estas cosas, ni mi eterno
agradecimiento a San Juan de la Magüana. A doña Monina, Danilo Tavéras, al
profesor Diosito, Luís Cadena, Plinio Féliz, Napoleón y otra mucha gente que mi
memoria desagradecida no registra.
Hay gentes,
lugares, momentos, que son fundamentales en la propia formación. A parte de los
padres y el entorno familiar, naturalmente, que en mi han sido un poco más que
fundamentales.
Hace unos días,
cuando me enteré de manera bien casual que soy considerado un sanjuanero
destacado (biografía incluida) por una organización cultural de mi pueblo – con
página en Internet y todo – éstos y muchos otros recuerdos, me asaltaron sin
remedio. No diré ahora como aquellas estrellas al aceptar sus óscares “éste es
un honor inmerecido…dedico éste premio a toda esa gente…bla bla bla…” Por lo
menos, no lo diré hipócritamente. En realidad, he quedado abrumado y
profundamente agradecido. Sólo he sido destacado en lo que San Juan y mi familia
me adiestraron a serlo.
30-8-2001/Sección Espectáculos de HOY
CORRE MEMORIA,
CORRE…
Aunque no lo
dejé nunca, el estudio de la música y el teatro mermaron bastante cuando
descubrí mi otra gran pasión. Seguía jugando pelota y tocando saxofón y siendo
parte de los elencos de teatro pero la política - o mejor valdría decir la
militancia, el compromiso – coparon mi tiempo de adolescencia sanjuanera. La JEC
(juventud estudiantil católica) y los Cursillos de Vida; las asociaciones
estudiantiles y los grandes movimientos huelgarios; la resistencia y la
militancia, era lo que mandaba los tiempos.
Estudiaba en
colegio de monjas, no era de su estilo armar huelgas y protestas. Veíamos pasar,
con mucha envidia, las movilizaciones estudiantiles, procedentes del Liceo y la
Escuela Públicas. Pero era mucha la efervescencia; muchas las justas razones y
las terribles verdades. Estudiantes de colegios privados o de liceos públicos,
todos tendríamos que ir a la UASD (Universidad Autónoma de Santo Domingo).
Todavía no estaban de moda las universidades privadas; nuestra única y anhelada
posibilidad era esa universidad estatal. Donde, por demás, ya estaban los
hermanos mayores, que retornaban en las vacaciones con cientos de historias para
alimentar nuestra imaginación. Y un hambre de siglos que no se entendía el
porqué. Si la universidad era tan buena ¿Por qué se pasaba tanta hambre?
Mi hermano José
vivía en una pensión de la calle José Gabriel García, en Ciudad Nueva. La
Capital era un lugar remoto y misterioso para mi, y la UASD era lo mítico, la
maravilla. ¿Cómo no sentirse aludidos con la famosa lucha del “medio millón”?
Era nuestro irremediable destino ¿Cómo no involucrarse? Organizamos, los
muchachos y las muchachas del tercer teórico, la primera huelga en la historia
del colegio de monjas redentoristas de San Juan.
Lo grande es
que yo tuve la inocente desfachatez de informárselo a Sister Maritza, mi
mentora. Faltó poco para que le diera un infarto. Una cosa es prestarle a uno
libros de Camus y otros autores “controvertidos”, y otra muy distinta, hacer una
huelga “comunista” en un colegio católico de monjas norteamericanas. ¡La
desbandada, compadre! el resto no pudo aguantar la presión, que fue mucha y de
diverso calibre (Los Padres, por ejemplo. Los nuestros y los de la Iglesia) Así
que me quedé sólo en huelga de a uno en fondo. Lo que me valió un mes de
expulsión y el mote de “Mella” con que me bautizó mi amigo Arturito Ramírez.
Me quedó otra
cosa, menos tangible pero muy gratificante: de repente, las chicas me hacían
caso. A mí, de quien hasta entonces huían como de la peste. Nada mal éste mi
“heroísmo nacional”.
De esa, como
ven, salí en coche. No así de las otras. Las protestas eran muchas y los motivos
todos valiosos. En esos días, Balaguer (de acuerdo con la cúspide religiosa)
había expulsado a unos Hermanos de la Salle que eran una suerte de “matatanes”
dentro del movimiento católico popular. En todo el país, las protestas se
escenificaban en forma de tomas de Iglesias y Catedrales, pidiendo su retorno.
Pero todo el país no era San Juan de la Magüana, allí mandaban los curas
redentoristas norteamericanos, quienes - aunque aún estaba vivo el Monseñor
O’Ralley, famosísimo Obispo de la diócesis sanjuanera, quien se había opuesto
tenazmente al Dictador Trujillo, en tiempos no tan lejanos – tenían una visión
muy conservadora del mundo y de la religión. Dicho así para ponérselas fácil,
porque lo que se comentaba era que ellos habían llegado en masas, después de la
revuelta de Abril del 65, a toda las comunidades cercanas a la frontera con
Haití, con muy claros y nada santos propósitos. Pero eso no lo sé de cierto. Lo
que sí sé, y sobre todo, sufrí, fue que tan pronto tomamos la Catedral – ya
hubieran querido ustedes participar en tan bien elaborado plan de contingencia,
de tan seguros augurios y de cómo nos podríamos en el mapa nacional y no nos
quedaríamos, por ser pueblo bastante alejado de la metrópolis, detrás de nadie –
no pasaron 30 minutos antes de que llegaran los “cascos negros”, llevados por
los Curas y entrando por una puerta oculta que ni yo conocía que, para entonces,
hacía vida cotidiana en la Iglesia. No me fue tan bien esa vez. Una semana en la
chirola y la verdad de la vida encarnada en un preboste que se la cogió con
nosotros, noche tras nooche. Nunca antes me habían golpeado tanto y con tanta
saña; nunca antes, ni después, fue tan real el pánico y el miedo. Desde
entonces, me propuse que nada ni nadie me provocaría de nuevo, tal grado de
indefensión y terror. Debía tener no más de 16 años, los mayores no pasaban de
veinte.
No nos fue tan
bien, esa vez.
2001/publicado
en Espectáculos del periódico HOY
Un
sonsito para polemizar
Han pasado diez largos años de
que al Grupo Maniel le fuera entregado un Casandra como Mejor Grupo Sonero. Me
estoy repitiendo, eso ya lo dije en un artículo no tan lejano. Entonces, un poco
en chansas un mucho en serio, hablaba de la tremenda carga que ha resultado para
nosotros ser el único grupo musical del país que haya sido premiado expresamente
por tocar Son. Hablaba de lo extraño del asunto habiendo tantos y tan buenos
grupos del género en este pedazo de patria que nos toca vivir. E hice algunas
propuestas, estas ya no en chansas si no muy de adentro. Resulta que hay gente
ofendida. Más bien, hay cronistas ofendidos - me acordé tanto de Koldo - por mi
presunto "desdén" al premio que tan generosamente nos fue "dado". Esos buchitos,
corte de ojos y maldiciones, no me llegaron directamente. Alguien me dijo que le
dijeron que alguien dijo que yo dije lo que no debía decir porque eso me afecta
y que por eso es que nunca nos toman en cuenta y, y, y…Supongo que por algo
parecido nunca más nos han invitado a una ceremonia de entrega de premios a
pesar de haber ya sido premiados, como manda la más elemental ley de urbanidad.
Antes de seguir embrollándoles las cosas a ustedes, que nada tienen que ver con
el mambo, pongamos en claro algunos asuntos. No se quién dijo lo que dijo ni me
interesa gran cosa. Todo puede ser un invento de quién dijo que le dijeron que
yo dije, pero le agradezco profundamente el chance que me da para poner algunos
puntos sobre las eses, las oes y las enes. El Son es uno de los grandes pilares
de la música popular dominicana y se desprestigia cualquier persona o grupo de
personas que no lo tome en cuenta. Los que nos dedicamos permanentemente al son
no dependemos de la moda, ni de tusas en los cabellos, ni de novias de
televisión, ni de cuentos payoliados, ni de mambos destemplados, ni de puntos
sobre las íes. Los premios caen bien de donde vengan pero no depende el
desarrollo del género de recibirlos o no recibirlos. Para ser más descarnado y
ganarme nuevos enemigos diré lo siguiente que es una de esas verdades que todos
saben pero incomoda: los premios Casandra, prestigian a quienes los otorgan y
tienen poco o ningún resultado en el desarrollo de quienes los reciben. Mucho
menos en el real crecimiento de la cultura musical dominicana. Si no fuera
porque caen mal mis sugerencias, le recomendaría a la compañía que pone los
milindres, mejor dedicarlos a los reales planes de desarrollo y crecimiento del
arte nacional. Apoyo monetario a la Escuela Superior de Música Popular del
Conservatorio Nacional de Música, por ejemplo. De dónde sí saldrían líderes para
la nueva música popular. En estos pasados diez años el Son ha crecido mucho. Es
moneda común entre todas las clases sociales dominicanas. Se han celebrad, 5
Festivales de Son, nacionales e internacionales. Grupos y bailadores han viajado
por todo el país y a varios países de fuera, proyectando el elemento cultural
dentro del conclave sonero. Los puestos y puntos de baile y toque de Son se han
ensanchado y consolidado, dependiendo del caso. Los grandes hoteles de todo el
territorio nacional han acogido con beneplácito las presentaciones y
espectáculos de Son que han presentado los, cada vez más, grupos soneros. Los
programas radiales dedicados a la difusión de ésta música se han proliferado en
las estaciones de radio del confín nacional, logrando romper así el no tan
velado bloqueo de algunas otras estaciones. Los canales de televisión, en sus
horarios principales, han dado eterna cabida a los interpretes y bailadores de
este ritmo. Los clubes sociales de cualquier clase y sector, mantienen regulares
presentaciones basadas en el Son. No queda prácticamente ningún punto ni lugar
de baile donde no se hayan presentado algunos de los muchos grupos soneros. Las
fusiones hechas desde el son han catapultado a la fama mundial a sus
protagonistas y han abierto la brecha de los jevitos - mercado tan codiciado- a
sus ejecutantes. El setenta y cinco pos ciento de los anuncios radiados o
televisados están hechos en tiempo de son o sus derivados. Este no es más que un
recuento pequeño de lo que ha pasado con el Son y los soneros en estos años
idos. Con ninguna otra pretensión que la de mostrar por qué es una desvergüenza
y una gran desconsideración alegar que no existen razones para premiar al Son y
a los soneros. Diga que no le interesa; que nosotros no llenamos de huevo
ninguna canasta; que nuestros discos solo circulan de mano en mano - excelente
manera de romper el bloqueo maniqueo - y que eso es de "negros villamelleros" o
cualquier otro agravante que se le ocurra. Lo que no le damos es el derecho de
quitarnos el mérito. A usted ni a nadie, en realidad. Señor cronista, si es que
de verdad usted existe, si el premio es suyo, como ya se ha dicho hasta la
saciedad. ¿Por qué no se lo reparten entre ustedes mismo cual Senadores o
Diputados de la República? ¿Para qué servimos los artistas, que no sea para
justificar su oficio… y su cartera repleta? Déle vuelta a la página mi amigo y
arrodíllese delante de nosotros: nosotros, los artistas, somos la razón por la
que usted vive… y come su familia. Espectáculos de HOY, 2001
Vetas y
la Bachata
Circula en estos días el número de febrero de la
revista Vetas. Y digo en estos días (estamos en julio) porque todos sabemos el
nivel de precariedad con que se edita esta revista cultural que ha logrado, en
los no sé cuantos años de su existencia, aglutinar la más variopinta
representación de la cultura escrita del país, durante el más largo periodo de
tiempo. Su gracia es la diversidad y el desparpajo de su director Clodomiro
Moquete. En más de una ocasión ha sido objeto de incontadas maldiciones y se ha
visto envuelto en disputas literarias que frizan en la chismografía, tan
apreciada por tanta gente del medio. Pero mi intención no es hacer un recuento
de las virtudes y defectos de esta revista cultural porque no voy a poder ser
imparcial, como indican las buenas normas del escribir periodístico. Soy
fanático de Vetas y a buen orgullo lo tengo. Escribo porque, como me ha pasado
casi siempre que la leo, me he sentido aludido. Clodo, que conoce tanto de
música como yo del Jorobado de Notre-Dame, se suelta un soberano discurso sobre
la Bachata y hasta le pide a la gente que emita su opinión. No voy tampoco a
transcribir in extenso lo que dice, compre la revista o suscríbase que es mejor,
pero, repito, me siento aludido. El Sr. Moquete desde su púlpito y serpenteando
por tortuoso camino, da en el clavo: ¿Es la Bachata un género musical o qué? Es
una expresión de lo popular, admite, pero ¿es ésta la expresión popular que hay
que aupar? No esconde su disgusto por esta música y le endilga todo tipo de
epítetos negativos. Como dije, no quiero entrar en los detalles de su escrito
porque entonces dejaría de estar de acuerdo con él, me quedo con estas dos
interrogantes fundamentales. De que si la Bachata es un género es una discusión
de músicos. Clodo niega de golpe y porrazo, que lo sea, que sea un género
musical. Yo, desde mi deficiente preparación musical, pienso que él tiene razón.
Creo que Clodomiro, como es su costumbre, ha sacado a flote una cuestión que
ronda entre los músicos de este país desde hace tiempo. He oído todo tipo de
opinión al respecto, ahora me limitaré a presentar la mía. Aunque estamos en una
época en la cual se le llama género musical a cualquier variante, las variantes
involucradas en la Bachata no permiten darle ese titulo. Para cualquier
conocedor es evidente que casi todos los elementos que la componen fueron
tomados del Son y del Bolero: El punteo de la Guitarra imitando el Tres, el
toque del Bongó, el Bajo sincopado... La diferencia es de acento musical, que
parece provenir de la imposibilidad de los músicos involucrados en ese ritmo de
adentrarse en la complejidad armónica de las composiciones de Son o Bolero
Rítmico, de no poder reproducir el difícil punteo del Tres aplicado al Son y al
Bolero. Ni hablar de las letras, si la Bachata es un género lo será en términos
involutivos, por una suerte de disminución lírico-armónica. Lo que es
absolutamente original en los bachateros es la impostura de la voz. En ello
también coincido con Clodomiro. Lo “añoñaíto” del canto de bachata es único, es
casi un estilo. Pero una forma de cantar no hace un género. La muy peculiar voz
de Billi Holiday no cambió el Blues ni el Jazz, a lo sumo le dio una
característica original a ella y a las que la imitaron. En cuanto a lo que se
debe aupar de lo popular, es una discusión de Sociólogos y demás Cientistas
Sociales. Sin embargo, hasta los legos hemos oído hablar de la necesidad de ser
selectivos aún en lo popular. No es necesariamente bueno todo lo que nos llega
del pueblo, sería una generalización bien pendeja del concepto "popular". Es
popular entre los populares pobladores de los sectores populares darse las
películas de Bruce Lee, Rambo, Jacky Chang y etc. y a mi no se me ocurriría
catalogar de buenos esos mamotretos, ni las actuaciones de estos turpenes sólo
porque “1a gente del pueblo" así lo considera. Los preceptos de calidad en una
obra de arte, sea esta música, cine, baile o cualquier otra expresión, no
responden a los esquemas de la división de clases. Aparecen buenas y malas cosas
de cualquier lado del arcoíris social. En el campo de la música popular de este
país y de estos tiempos, la Bachata y el llamado Merengue de la Calle, son sus
peores exponentes. Ahora bien, todo lo dicho aquí refleja no más que mi
criterio, le digo a usted como me dijo el Clodo a mí: ¿Y el suyo, cuál es?
Especial para Areito de HOY, 19 de julio 1998
LLUEVE OTRA VEZ
En una entrevista hecha especialmente para este
periódico, Julio César Paulino Félix, accede a darnos sus puntos de vista sobre
toda esta discusión que se ha armado alrededor del Son en Santo Domingo.
Me corrige sobre su preparación académica: "Yo estudié
Antropología en la UASD, ahí solo se dan algunas materias de Etnomusicología que
es una carrera joven, pero mi más de treinta años de estudio de la música en el
Conservatorio Nacional, me permiten aplicarla a la Antropología que es en
definitiva la Etnomusicología.
Julio César es el director del Archivo Nacional de
Música, en donde conversamos entre libros, discos y viejos instrumentos: "El
centro del Son en Santo Domingo es Puerto Plata, por lo menos de allá proceden
la partituras más antiguas compuesta por Danda".
-Te refieres a "Mercedita", lo interrumpo. Hay mucha
gente que pone en dudas la existencia de ese son.- "Bueno yo lo he escuchado
cantado por Licinio Valerio y por el compositor Armando Padilla en cuya casa de
la José Gabriel García se reunía la Vieja Trova Santiaguera. Ahí iban Juan
Lockward, Licinio Valerio, el hijo de Piro, como tu sabes; Marcelino Plácido y
otros que no recuerdo. Yo era muy joven, pero no me perdía un domingo de esos.
Allí se hablaba de todo".
-¿Vieja Trova Santiaguera?- ¿De qué tu hablas? "Oh,
el grupo de bohemios y compositores que siguieron aquí la vieja costumbre de
juntarse para componer y cantar entre tragos y anécdotas. En Santiago se reunían
donde Mon el Barbero en la calle Cuba #15. También en el Callejón de la Alegría
y mucho antes en el Barrio de Marilópez, lo que ahora es La Otra Banda. Don
Julio y el abuelo de tu mujer también iban ahí".
-¿Quién?- "Julio Alberto Hernández y Don Pancho
García. Precisamente fue a Don Julio que le hice notar que los 80leros Rítmicos
grabados por Brito en el 29 eran Sones. El me dijo que 8ienvenido Troncoso y
Chencho Pereyra los habían aprendido a tocar de Danda. Los cubanos dicen que
Matamoros inventó el Bolero-Son en el 1929 pero antes de los veinte esta gente
tenía sones compuestos de esa característica. Lo único que los cubanos
inventaron fue la palabra son después de bolero y que le dicen "estribillo" a lo
que nosotros llamamos "jaleo". "Mercedita" lo compuso Danda en 1900, lo que
quiere decir que ya había tradición de componer de esa manera. Nadie compone del
aire."
-Párate ahí. Vamos por parte. ¿Qué determina que
estos Boleros sean Sones?- "Sobre todo el rasgueo continuo de la guitarra y el
acompañamiento del Mongó primero y el Bongó después. El rasgueo de la guitarra
obliga la síncopa en el bajo."
-¿Y el Tres? ¿No había Tres por ningún lado?- "Claro,
el Tres se utilizó aquí primero que en Cuba. Ahora es el instrumento nacional
cubano pero Fradique me dijo muchas veces que el Tres se lo llevó Nené Manfugá
para Baracoa un poco después de 1892 cuando estuvo en Puerto Plata, junto con
Sindo Garay que se llevó el Son y la Criolla. Garay es tan bárbaro que se
atribuye la autoría de "La Dorila", una Criolla que se escuchaba en Puerto Plata
desde tiempos inmemoriales del siglo pasado. Alberto Vásquez fue a Cuba a
reclamárselo. Eso es solo una muestra de todo lo que se nos ha ido. La Danza no
es puertorriqueña tampoco. Yo tengo partituras de Danzas mucho mas viejas que
todas las puertorriqueñas, el asunto es que fueron ellos quienes la
desarrollaron. Lo mismo el Son y los cubanos. Se lo lleva Sindo Garay en 1895 y
nos lo devuelven en papel de celofán después de 1925."
-Eso no es lo que dicen…- "Lo que pasa es que hay
mucha gente hablando disparates por ahí sin ser músico. Lo que define al Son
como género es su forma, aquí lo que se tiene que analizar es la forma musical.
Ninguno de los que se han adentrado en la discusión sobre el Son son músicos. No
pueden analizar una partitura con bajo sincopado, rasgueado constante, ni la
melo, la línea melódica… Por otra parte, nuestro gran problema es la carencia de
archivos. Aquí no hay nada. Drake quemó lo que había hasta 1580, los españoles
se llevaron los archivos dominicanos a la Catedral Cubana después del tratado de
Basilea. Allá los quemó el Padre Tres Palacios porque alegadamente estaban
llenando de polillas los cubanos. Durante el tercer gobierno de Báez también
hubo una masacre de papeles. De manera que lo único que nos queda es el Método
Comparativo para la investigación musical. Eso solo pueden hacerlo músicos
adiestrados, porque es poner al lado partitura con partitura e ir analizándolas
a partir de sus estructuras. Queda mucho por hacer. Hace años que quiero
publicar un libro sobre el tema pero no tengo ni el dinero ni el tiempo hábil
para la investigación que hace falta".
-Bueno, palabras ha habido…Antes de que terminemos
háblame de la Ma’Teodora, o bien de las hermanas Ginés, que tanta agua han dado
de beber. ¿Existieron? ¿Qué tienen que ver con el Son?- "Tommy y Dago dicen no
haber encontrado nada en el archivo de la Catedral Cubana pero no es ahí donde
están. Hay que buscar en el Tercer Legajo del Archivo de Indias, que se refiere
a lo que entonces se llamaba Puerto Príncipe y que es hoy Camaguey. Su relación
con el Son es bastante ambigua hoy día. Lo que yo sé, y ahí le doy la razón a
Fernando, es que si ellas fueran cubanas no la hubieran atacado tanto".
-Gracias, compadre.
Especial para ARElTO,
de HOY, 1998
A Pablo, el del Boulevard
De acuerdo mi hermano: los pueblos necesitan cierto boato,
un glamour, una cuestión, no hay dudas. Creerse, los ojos fijos en la televisión,
que uno está en otro lado; que el barrio no es donde se vive; que de repente se
ha convertido en el boulevard de los sueños, con James Dean y todo. ¿De qué otra
manera se puede aguantar esto? Darse su “luquin” de vez en cuando; quitarse la
ropa de a diario y dejar las cucarachas en buscando donde no hay; montarse en
cualquier carroza y realizar los sueños, aunque sea a través de los otros.
Permitirse el lujo de caminar por la carpeta roja con la siempre bella, dejando
boquiabiertas a las que viven del cotilleo “¿volvieron? ¿Se juntaron de nuevo?”
¿Cómo no? si las Paolas se lo merecen "¿viste a papi y a mami juntos?" Sí, no
hay dudas, fue un buen espectáculo, un buen show. En eso tienes razón. Claro que
sí. La vida no puede ser "flan”, gris, monocromática. Hay que añadirle el
color, el gusto, la sabrosura, la ilusión.
Tienes razón, no hay nada de malo en todo eso. A menos que
no sea lo poco que dura, lo efímero, lo pura ilusión y ninguna realidad. Ha
pasado apenas una semana; dime ¿quién ganó en el renglón clásico? ¿En teatro? ¿Qué
dijo Wilfrido al recibir su merecido Soberano? Dime ahora, ¿qué llevaba puesto
Georgina Duluc y dónde se le mojó el vestido a Tita Hasbún? ¿Cómo son las
piernas del Pachá? Claro, el foco es otro, ésa es mi queja. No hace falta que
nos tomen de excusa. Basta con uno de esos desfiles de moda donde se recauda
fondos, entre caviar y buen vino, para poder llevarles pica-pollo a los
pobrecitos niños huérfanos. Pero bien, así es como se plantea el asunto; no le
busquemos más cuernos al buey. Lo que pasa es que no hay trascendencia en esto,
manito. Lo que pasa, aunque suene muy a los setentas, es que se podría hacer
muchas más cosas con todo ese dinero. O con parte de ese dinero. O con otro
dinero. No hay por qué tirarle la canana a la compañía que patrocina, demasiado
hacen ellos. Pienso que tenemos obligación de fijar lo trascendente, de sacarlo
a flote, de ponerlo en el tapete. Antes lo dije, pero vuelvo y lo repito, labor
de trascendencia sería aquella que prohíje el desarrollo a niveles técnicos
impensables del Departamento de Música Popular y Folklore del Conservatorio
Nacional de Música. De ahí sí saldrán los y las responsables de que el arte
popular dominicano crezca. Por primera vez en la historia de la enseñanza
musical del país, a nivel oficial, se maneja una teoría novedosa y aglutinadora.
Por lo menos entre nosotros, porque hace años que se aplica en otros muchos
países. Me refiero a aquella de ligar lo clásico con lo popular, dicho así para
no "tecnificar" la explicación. Aquella que aprovecha todos los elementos de la
técnica aportada por los europeos y su música, para aplicarla a la
interpretación de lo popular caribeño, conociendo desde adentro sus raíces. En
los lugares (Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, Venezuela...) donde se han
aplicado estos estamentos, el resultado ha sido impresionante.
Dicho más simplemente, si un trompetista aprende
todas las técnicas concerniente a su instrumento, pero también todos los
elementos que componen su folklore y el por qué, a la hora de tocar en cualquier
combo, la diferencia empezará a notarse. Si en cambio es el pianista, casi
siempre el director musical, sus conocimientos serán perceptibles en los
arreglos que arme. Y así hasta el infinito. No habrá otro camino que avanzar.
Estamos hablando de setenta, ochenta, noventa, cien músicos que saldrán cada
cuatro años (la primera promoción está a punto de graduarse) para integrarse a
las orquestas populares y así protagonizar la nueva era de la música popular
dominicana. No
es que no los haya ya, en realidad contamos con increíbles intérpretes en este
país, pero la mayoría de ellos ha tenido que ir a otros países a estudiar la
música o han hecho un enorme esfuerzo individual para ponerse al día con lo que
acontece en otras partes. Ahora ya lo tenemos aquí, un palo por los 411 del
Estadio Quisqueya. Como ves, mi estimado, es en esta canasta donde creo que
debemos poner todos los huevos. ¿Tú te imaginas este ejemplo repetido en todo el
país? No quiero animarme mucho, pero me parece de lo más halagüeño el que Tony
Raful se haya reunido con los representantes de los sectores privados que más
han apoyado la cultura. De repente nos encontramos con planes conjuntos,
gobierno, sectores privados, y eso también sería un gran paso trascendente. Tú
que has vivido en España debes sentir con más propiedad que el resto de nosotros
el alborozo por lo de Operación Triunfo. ¿Te imaginas eso aquí? Hay gente que ha
hablado de seguir el ejemplo. (sigue…)
Febrero 2001,
Espectáculos de HOY
A PABLO Y VAN DOS….
Uno tiene que entender que a veces los periódicos no
tienen todo el espacio que hace falta para publicar una columna entera. Ya sea
porque es muy larga, o porque hay otras casas que poner. No deja de ser
decepcionante, aunque uno lo entienda. Bueno, mi anterior era una carta a un
amigo y se quedó sin el final. Permítanme ustedes, amables lectores, retomar el
asunto donde se quedó y empatar algunas otras ideas. Si le produce curiosidad,
por favor vaya al periódico del jueves pasado y lea e1 Dos par Cuatro de ese
día. Si ello le es muy complicado, pídame que se la envíe por correo electrónico
o par fax y con gusto lo haré.
Como ves, mi estimado Pablo, es en esta canasta donde
debemos poner todos nuestros huevos. ¿Tú te imaginas este ejemplo repetido en
todo el país? No quiero animarme mucho, pero me parece de lo más halagüeño que
Tony Raful (El Secretario de Cultura, nada menos) se haya reunido con los
representantes de los sectores privados que más han apoyado la cultura. De
repente nos encontramos con planes conjuntos gobierno- sectores privadas, y eso
también sería un gran paso trascendente.
Tú que has vivido en España debes sentir con más
propiedad que el resto de nosotros el alborozo por lo de Operación Triunfo. Qué
hermosura, qué gran muestra de eficiencia y profesionalismo. ¿Te imaginas eso
aquí? Hay gente e instituciones del país que han hablado de seguir el ejemplo.
Nos subiríamos al tren, varios países de Europa y algunos otros de América están
en eso. Aquí es más que posible, la vieja escuela de RTVD hace unos años que fue
reactivada y muchos jóvenes están recibiendo las enseñanzas en el canto de
nuestra gloria don Guarionex Aquino. No es la de comparar, claro, pero debes
recordar que era entonces requisito no sólo estudiar las técnicas vocales, sino
meterse de lleno en baile, dominio escénico, dicción y no sé cuantas casas más.
Hace años que aquí se tenía claro que una disciplina necesitaba el auxilio de
las otras para ser efectiva. Nuestras grandes glorias vienen de ahí, incluyendo
a doña Casandra, que dominaba el canto, el baile y la actuación.
Hay facilidades de locación, maestros, estudiantes,
sólo faltan los recursos económicos. No podemos vivir quejándonos de la pobre
calidad de nuestro arte popular si no somos ni siquiera capaces de ofrecerles a
nuestros jóvenes, instituciones donde poder prepararse. Mi visión ideal sería la
de una súper academia que combine la enseñanza de la música y el canto desde esa
óptica no tan nueva, pero que empieza a aplicarse aquí: la unión de lo clásico y
lo popular en lo técnico, y la visión multidisciplinaria en lo práctico. Faltaba
en la música y el canto, en el resto de las disciplinas artísticas hace años que
se combinan estos elementos. Era como el último reducto de una visión
hispanófila enfermiza que ha llegado demasiado lejos. Cantémosle su requiem.
A ti, gracias por dejarme tomarte de excusa para
escribir todo esto y felicidades por tu nuevo "ascenso" a las filas del buen
amigo Jochy Santos, tenemos que juntamos para la revancha en Compasillo, con
vino y todo. Besos a las Paolas y a la ¿Rubia?, tu sabrás. Un abrazo.
Febrero 2001,
Espectáculos de HOY
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LA FIESTA DEL CHIVO
Un poquito más
de quinientos años después, todavía nos da trabajo reconocernos como los seres
únicos y especiales que somos. El Caribe es una zona privilegiada del mundo
donde todos los que viven fuera de ella, sueñan llegar alguna vez. Y a nosotros
– hasta que salimos y logramos ver desde fuera – nos da “par de dos”. Vivimos
enfocándonos desde cualquier realidad menos la nuestra. Así vamos, dependiendo
de las corrientes de la marea, desde un hispanismo a un africanismo, sin pasar
por go. Todo, menos nosotros; cualquier destino, menos el propio. ¿Cuántos años
más nos faltan para dejar de ser afro-americanos, hispanos, latino-americanos,
indo-americanos, anglo, franco…? Provenir no es ser. Mi hijo no soy yo, es él.
Tomará de mi cualquier cosa útil y caminará por su ruta. Reconocer de dónde
procedemos es buen asunto, pero deja de serlo cuando nos impide el propio
desarrollo, ser nosotros mismos. El sueño del retorno a la Tierra Madre de los
negros libertos norteamericanos, no era su sueño, era el de sus abuelos. Buen
material para las noches de melancolía, con cuerdas de guitarras y acordes de
Blues, pero pobre como realidad vital. Su Tierra Madre siempre estuvo a sus
pies, sembrada y adobada por ellos mismos. Amada también. Los Criollos, si lo
eran es porque ya habían dejado de ser españoles, franceses, ingleses o
africanos. Eran todos y ninguno.
Tomando de aquí
y de allá, se armó en esta región desconocida del mundo un “bembé” como nunca
antes. El gran logro de Colón y su gente (un Nuevo Mundo), sólo sería palpable
mucho después de sus muertes y a ritmo de merengue y son; cumbia y plena; Jazz y
Gumbo; Reggae y Tamborito. Todo ese mundo nuevo que fue posible crear en éste
gigante laboratorio que siempre ha sido El Caribe, regó de sabor a la aburrida
constelación norteña.
Este Mundo
Nuevo, no lo fue hasta que lo descubrimos nosotros mismos, los hijos de la
tierra, los abonados del mar. Nosotros, que armamos no sólo grandes naciones
sino una música única, genial, entera. Una cultura nueva. Francia, España,
Inglaterra, lo mismo que África, nos dieron mucho (y, algunas, nos quitaron
más). De ellos tomamos elementos primarios para hacer, luego, unos ritmos
locales, unas músicas nacionales, originales y hasta superiores.
El Caribe es
una región única del mundo, que si alguna deuda tenía con sus mentores, la ha
pagado con creces en especias y sabrosuras. Deberíamos levantar una instancia a
la Organización de las Naciones Unidas, para que esos países, y el resto del
mundo, nos devuelvan algo de toda la alegría y sabor dados.
13 de Septiembre, 2001- Espectáculos de HOY
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UN LIBRO AL AÑO NO
HACE DAÑO
Estoy seguro de
que si usted no ha ido ya, tiene la decisión tomada. Hay que aprovechar para
llevar a la mujer y a los niños y comprarse finalmente ese libro que tanto se ha
prometido, pero que no ha adquirido por falta de tiempo y los cuartos, que no
están nada fáciles. Bueno, pero ahora sí hay que ir, no mas excusas. Total, un
libro al año no hace daño y se ven de lo más monos en el estante del
consultorio, en la oficina de la casa, o sobre la televisión. Quién sabe. Un día
cualquiera no llega el paciente de las cinco y usted se encuentra sin nada que
hacer por un par de horas, porque tiene un compromiso a las siete y no es verdad
que va a coger para la casa para tener que salir de nuevo. Así que ahí está el
libro y usted lo ve y lo toma en sus manos y lo abre y de repente lo está
leyendo y le dan las siete y ni se entera y llegará tarde sin remedio, porque a
usted también le pasó lo que millones de otros.
Así que no
pierda ese ánimo, ese buen impulso, visite la Feria este año y no deje a los
niños por nada del mundo. Ellos sí que la gozan, con José Rafael, Paula, Elvira,
Basilio y los cientos de libros escritos para ellos o desde ellos. Leen los
niños, no se crea lo contrario. Tengo un amigo que cuando sus sobrinos eran
pequeños, tenía la costumbre de llevarles libros para los Reyes. Me cuenta que
se aguantaba en firme sus miradas de conmiseración, pobre tío, está mal de la
cabeza, pero el brillo de los juguetes se va y los libros quedan, me decía. Su
apuesta era esa: los libros quedan y alguien los lee alguna vez. Los leen, no
cabe duda, esa historia que cuentan, ellos no la encuentran en la televisión ni
en ninguna otra parte. Los leen, lo sé, o no le ha pasado a ustedes que al
llegar a la casa encuentran al mayor, al que ya aprendió a leer, con tu libro
en las manos y después de la sorpresa, hey, cuidado con ese libro, te enteras,
cuando preguntas que el sólo quiere saber qué es lo que tiene ese libro que tú
no te lo despegas. Entonces, si no eres como mi amigo, tendrás que salir casi
corriendo a La Trinitaria a conseguirle algo para su edad y posibilidades, y
sentarte a leerlo con él.
Vaya, acabe de
decidirse. Pasee mucho, no se pierda nada, compre sus libritos y no deje que le
cuenten. Usted no es menos que el millón y medio que siempre va. Lea de a chin,
uno a uno, no se precipite, total, nadie nunca podrá leerlos todos. Con boom o
sin boom hay más libros que agua en los ríos. Lea el que tiene en las manos,
acabe ese y coja el otro después. Luego, sin sorpresas, se dará cuenta de que
puede hablar de lo duro que está Saramago y que García Márquez hace mucho que no
escribe; que hay que conocer mejor al chileno que anda por aquí y que Vargas
Llosa ya no dice nada o algo así. Ahora bien, si es que sólo puede ir un día y
nada más, entonces que sea hoy.
Lleve a toda la
familia, suegra incluida y espere a que den las nueve matando el tiempo,
visitando pabellones, montándose en el tren; coma, beba, entretenga a los
chicos, hágale caso a su mujer, ellas siempre saben más; ruegue que no llueva y
luego encamínese a La Cueva de Santa Ana, donde estará Maniel. Ya ve, hay que
darse su payolita de vez en cuando.
3 de mayo del 2001

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EL SON DOMINICANO
(Conferencia 1er Festison del Bacho en la universidad de INTEC y debate
posterior)
César Namnúm
16 de marzo, 1998
Durante una buena cantidad de años hemos estado
discutiendo la posibilidad del origen dominicano del Son, y sobre todo, si el
Son puede considerarse un ritmo nacional como el merengue, la mangülina, los
palos del espíritu santo y otras tantas músicas y bailes. Mientras se discute,
conozco muchas personas para quienes los asuntos teóricos no tienen la menor
importancia. Para ese gran núcleo de dominicanos y dominicanas, poco importa si
el Son nació aquí o en Guanajuato, siempre y cuando se pueda bailar. Sin
embargo, hay que reconocer que no vinimos a hacer un conteo de quién sÍ y quién
no, que es necesario plantear algunos asuntos polémicos o no, que nos permita
dialogar y discutir sobre ellos. Quien les habla lo hará desde la perspectiva de
aquel que, sobre todo ha tenido experiencias vividas dentro del oficio de músico
de Son que asumió hace una buena cantidad de años. Lo que le ha permitido, desde
el observador incluyente que es, constatar buena parte de lo que aquí afirmará.
Pero también lo es aquel que ha logrado tener en sus manos algo de la poquísima
información escrita que existe sobre el Son Dominicano, gracias a la magnánima
benevolencia de buenos amigos; que de ninguna manera nos llevarán a conclusiones
cerradas, puesto que lo que más abunda en el campo que hoy nos ocupa es la
carencia investigativa. He dicho en diversas ocasiones que el Son es dominicano.
Algunas veces con desparpajo y cierta arrogancia y otras muy humildemente. En
cualquiera de los casos lo que realmente he pretendido es acentuar la atención
sobre una música y un baile que nos acompaña prácticamente desde los mismos
albores del nacimiento de lo dominicano. Entendido esto como el proceso
histórico que toma forma y cuerpo con las guerras de Independencia y
Restauraci6n. Efectivamente, creo que hay pocas dudas entre los entendidos de
que el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado. Si me
pusieran a escoger fechas, y lugares, yo diría que el Son dominicano surgió
entre los años de 1870 y 90 alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto
Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa zona del país han surgido
la mayoría de nuestros ritmos populares. Si ello es cierto, tal y cual creo,
debemos entonces admitir que hay Son en Santo Domingo desde hace un poco más de
cien años. Ahora bien, ya he dicho que no se ha realizado aun ningún rastreo ni
investigaci6n rigurosa sobre este género. A lo sumo existen ciertas reseñas
periodísticas del siglo pasado y del actual, dando cuenta de que en tal lugar se
bailaba y tocaba Son; ciertos comentarios en tal o en cual libro de donde uno
puede deducir esto y lo otro; una que otra persona que ha salido por ahí y ha
visto y oído y ha seguido ciertos rastros que comprueban que lo que sí existe es
el Son mismo. En otras palabras, música compuesta en tiempo de Son desde el
siglo pasado. O sea, el son dominicano está ahí, lo que no está es la
investigación. Y eso es harina de otro costal. Visto así, hablemos entonces de
teorías e hipótesis. Mi creencia es que el son dominicano es un híbrido entre
elementos hispanos y africanos lo que no es ninguna novedad. Que en el caso
nuestro el Son parece haberse derivado del bolero, o es una forma nativa de
tocar el bolero que al principio, y aún ahora en algunos lugares, era llamado
bolero rítmico o bolero con jaleo. Que sin embargo, el más simple de los
análisis armónico-rítmicos permite determinar que aquello ya no es bolero sino
Son. Yo pienso que esta es la forma más original y primaria de la música y el
baile mencionado. Con el tiempo, esta forma de tocarlo se le llamó bolero-son, y
la tradición le endilga su invento a Miguel Matamoros. Por lo regular se habla
de Lágrimas Negras como la primera composición en esta variante. Hoy, aquí,
sabemos que no es así; porque aunque no tengamos tantos datos recopilados, se
conoce que ya en el siglo pasado habían varios sones de la forma mencionada,
compuestos y tocados por la orquesta de Danda Lockward, el padre de ese otro
compositor muy conocido don Juan Lockward. Lágrimas Negras es de los años
treinta de este siglo y para remate se ha comprobado que quien realmente lo
compuso fue una mulata capitaleña de nombre Pura Reyes, cantante de tango, por
mayores señas, quien sostuvo tórrido romance con Miguel en los tiempos de su
publicitada visita durante el año del ciclón San Zenón. Se sabe además, que
Matamoros sólo le agregó el jaleo final. Angela Peña y su Media Naranja hicieron
pública esta información hace apenas algunos meses. Ahora bien, esto era muy
común en esos años. Los compositores dominicanos de Son, a través del tiempo,
cedieron gratuitamente y casi con orgullo, sus temas a artistas ya establecidos.
Es el caso comprobado de Piro Valerio y Chencho Pereyra, dos santiagueros
autores de buena cantidad de letras y melodías. Pues bien, digamos entonces que
hay Son en Santo Domingo desde el siglo pasado y que la forma nativa de
trabajarlo era el ya mencionado bolero con jaleo, y que esta forma se mantuvo
relativamente pura entre nosotros hasta los años veinte de este siglo.
Relativamente pura, porque sabemos que siempre ha habito un trasciego entre la
patria de Martí y la de Máximo Gómez. Pero todo parece indicar que el flujo
migratorio mayoritario para esos años era de aquí para allá. Primero por la
ocupación francesa y haitiana y luego por las Guerras Patrias. Parece que,
inclusive en el plano de la influencia musical, el proceso era en la dirección
mencionada puesto que cuando el admirado escritor y musicólogo cubano Alejo
Carpentier habla de su famosa trilogía danza- danzón - son, refiere que todo
ello proviene de la contradanza francesa. Género musical que tenia entre
nosotros muchos años ya y había sido determinante en el surgimiento del merengue
por los años cincuenta de ese siglo. Claro que la mía es una mención cuasi
frívola de un proceso harto más complejo pobremente estudiado en el país. Pienso
que esto es un punto clave para determinar influencias de lado y lado en esos
años. Pienso que hay que estudiar con singular particularidad la relación Sindo
Garay - Danda Lockwud, de quienes se sabe que mantuvieron larga relación músical
en el siglo pasado y al principio de este en Puerto Plata, tocando y cantando el
primero en la orquesta del segundo. De esa época provienen varias de las
composiciones de Don Danda en tiempo de Son, como el ya mítico Mercedita. Don
Juan, su hijo, ha dicho en varias entrevistas que aprendió a tocar Sones y
boleros viéndolos a ellos. Creo que hay que seguirle el rastro y escudriñar todo
lo posible estas migraciones de aquellos años. Tengo entendido que el cantante
dominicano Fernando Casado ha estado recogiendo algunos datos que piensa
publicar pronto. Hace un tiempo, y un poco en esta línea, revisando temas y
autores en un compacto del excelente grupo cubano Vocal Sampling, me sorprendí
con la informaci6n de que el tema Ojos Malignos, un bolero rítmico, había sido
compuesto por el dominicano J. F. Pichardo en el siglo pasado. Con este tema los
Sampling le hacían un homenaje a la Vieja Trova de Oriente. ¿Un homenaje a la
Vieja Trova Cubana con una canción de un dominicano? Quedé con la inquietud.
Hace apenas unos días, en una revista de sociales de un periódico nacional,
encuentro una reseña sobre la Familia Pichardo. Y entonces aprendo que buena
parte de esta familia emigró al oriente cubano en 1795, año en que Francia
recibió de España nuestra porción de la Isla. Según la crónica, los Pichardo se
habían dedicado a las actividades artísticas y culturales en Santiago de Cuba.
La gente, cuando pasa de un país a otro no sólo se lleva sus enceres materiales,
también los espirituales. Es una verdad de perogrullo. ¿Se llevaron esta gente
la célula rítmica del Son dominicano para Cuba? ¿O fue al revés? Ahora es
difícil saberlo, a menos que emprendamos la largamente postergada investigación
sobre éste y otros asuntos relacionados con el Son. Lo que sí es cierto es que
la línea de composición de Sones de esa época se mantiene fiel al patrón
mencionado, por lo menos hasta los años veinte. A partir de ahí, la historia es
otra. En 1925 graba sones el Sexteto Habanero por primera vez. Según extendidas
reseñas de prensa conocidas por mi, en el Cibao, sobretodo en Santiago, existían
ya grupos del mismo formato durante toda esa década y las posteriores. Solo que
desde entonces, es evidente que la influencia cubana es arrolladora. Los grupos
soneros cubanos no sólo lograron grabar y difundir su música, que era escuchada
perfectamente en la radio nacional si no que no tuvieron las trabas que tuvimos
nosotros para grabar y difundir nuestra música. La diferencia la marcó la era
del Jefe, que cersenó todas las posibilidades internas y externas de difundir el
Son dominicano. Con el desarrollo de los medios de comunicación la reproducción
de lo que dicta la tradición oral es eufemística. La gente reproduce lo que oye
en mayor y mejor cantidad. Los años treinta, cuarenta y cincuenta sellaron el
éxito de lo cubano en el campo del Son entre nosotros. Hoy por hoy la mayoría de
los que todavía hacemos Son en Santo Domingo, lo hacemos a partir de la
inigualable impronta cubana. Debo señalar varios asuntos aquí. El primero de los
cuales se refiere a la necesidad impostergable de estudiar detalladamente lo que
significó Trujillo para el avance o el estanque de la música popular dominicana,
no sólo del Son. Sabemos, por ejemplo, que el dictador aupó el merengue cibaeño
como bastión e hizo que se difundiera por todo nuestro territorio con una clara
función política seudo nacionalista. Desde entonces, por esa suerte de
tergiversación patriotera, el merengue es sinónimo de nación. Lo otro es que
ningún proceso social o cultural es homogéneo. Siempre hay resquicios por donde
se mueven otras corrientes. De alguna manera, el son de factura nacional ha
perdurado y recientemente, aunque con otro nombre ha resurgido entre nosotros
con inusitada fuerza. Ya no me refiero a ese proceso interesantísimo que ha sido
aquel de mantener y preservar el Son, su cultura y su baile, por grupos sociales
diversos, a pesar de la velada represión, lo que también ha sucedido, sino a las
composiciones de sones a partir del patrón bolero con jaleo. Sea conciente o por
pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que son al estilo
de los de principio de siglo. Cualquier análisis comparativo entre esas
composiciones y las actuales permiten afirmarlo. Como ya he hablado mucho y hay
otros exponentes, debo concluir. Todo lo que he dicho aquí es más bien el
recuento de un sinnúmero de carencias. Más lo que nos falta que lo que tenemos.
Hoy no se puede afirmar que el Son es de origen dominicano. Tampoco lo
contrario. Por lo menos no hasta que se lleve a cabo una buena investigación al
respecto y se descarten o comprueben lo que hemos llamado dudas razonables. Y no
es que importe gran cosa ya. Alguien dijo que los resultados son los que
cuentan. Y lo cierto es que el Son hace tanto tiempo que gravita en el espectro
musical dominicano que se ha ganado su registro de nacionalidad. El Son es tan
dominicano como cualquiera de nosotros, sin que ello quiera decir que no lo sea
cubano, puertorriqueño, venezolano, colombiano o mexicano también. Similares
procesos históricos y culturales nos hacen uno, sobretodo en la música.
Finalmente debo señalar que esta isla es demasiado rica en elementos musicales y
rítmicos como para que todavía se nos quiera engañar con la falacia del ritmo
único.
Muchas gracias.
El son dominicano
según César Namnúm
Dagoberto Tejeda Ortíz
Para mi hermano, Gustavo Arias
Hace unos días fue celebrado un coloquio sobre el Son
en Intec, dentro de las actividades del Primer Encuentro Caribeño sobre el Son,
que organiza el amigo Raúl Pérez Peña dentro de su programa de televisión
"Nocturnal", en el cual participaron como ponentes César Namnúm, Tommy García y
Dagoberto Tejeda.
Dejemos para otra entrega mi ponencia y la de Tommy,
para hacer algunas reflexiones sobre la de César, porque considero que es una
provocación interesante para profundizar las investigaciones y las discusiones
sobre el Son como género musical, su origen, desarrollo, característica y
perspectivas, sobre todo en lo que se refiere a la definición de la música
popular dominicana.
DOMINICANIZACION DEL SON
En su ponencia, Namnúm plantea, entre otras cosas, lo
siguiente:
1.- "He dicho en diversas ocasiones que el son es
dominicano. Algunas veces con desparpajo y cierta arrogancia y otras muy
humildemente. En cualquiera de los casos, lo que realmente he pretendido es
acentuar la atención sobre una música y un baile que nos acompaña prácticamente
desde los mismos albores de lo dominicano. Entendido esto como el proceso
histórico que toma forma y cuerpo con las guerras de Independencia y
Restauración. Efectivamente, creo que hay pocas dudas entre los entendidos de
que el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado. Si me
pusieran a escoger fechas, y lugares, yo diría que el Son dominicano surgió
entre los años de 1870 y 90, alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto
Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa zona del país han surgido
la mayoría de nuestros ritmos populares".
2.- Para sustentar su afirmación de que el son es
dominicano, César comienza diciendo: Aunque "no se ha realizado aún según
rastreo ni investigación rigurosa sobre este género, existen ciertas reseñas
periodísticas del siglo pasado y del actual, dando cuenta de que en tal lugar se
bailaba y tocaba Son, ciertos comentarios en tal o en cual libro de donde uno
puede deducir esto y lo otro".
3.- Y dada la ausencia de mucha documentación, termina
diciendo: "En el caso el Son parece haberse derivado del bolero, o es una forma
nativa de tocar el bolero ya que al principio, y aún ahora en algunos lugares,
era llamado bolero rítmico o bolero con jaleo. Que sin embargo, el más simple de
los análisis armónico-rítmico permite determinar que aquello ya no es bolero
sino Son".
4.- Fundamentalmente, en base a todo esto, termina
diciendo: "De alguna manera, el Son de factura nacional ha perdurado y
recientemente, aunque con otro nombre ha resurgido entre nosotros con inusitada
fuerza. Ya no me refiero a ese proceso interesantísimo que ha sido aquel de
mantener y preservar el Son, su cultura y su baile, por grupos sociales
diversos, a pesar de la velada represión, lo que también ha sucedido, sino a las
composiciones de sones a partir del patrón bolero con jaleo. Sea conciente o por
pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que son al estilo
de los de principio de siglo".
5.- Aunque César dice que "hoy no se puede afirmar que
el Son es de origen dominicano", hay intencionalidades subyacentes para
demostrar que no es cubano. Aunque no toca lo de las hermanas Ginés, Teodora y
Micaela, dice que el Son, "la tradición le endilga su invento a Miguel
Matamoros". Y como la "primera versión de esta variante, Lágrimas Negras" es de
los años treinta de este siglo", la cual se le atribuía a Matamoros, en realidad
ahora se ha descubierto" que quien la compuso fue una mulata capitaleña de
nombre Pura Reyes, cantante de tango", quien "sostuvo tórrido romance con
Miguel", lo que quiere decir, que mucho antes de los cubanos hacer Son ya lo
habían hecho los dominicanos y para colmo ni siquiera el primero era de ellos
sino de nosotros. Es más, "se conoce que ya en el siglo pasado habían varios
sanes, compuestos y tocados por la orquesta de Danda Lockward, el padre de ese
otro compositor muy conocido don Juan Lockward". Y cuando en 1925 graba Sones el
Sexteto Habanero por primera vez, "según extendidas reseñas de prensa conocidas
por mí -dice Namnúm-, en el Cibao, sobre todo en Santiago, existían ya grupos
del mismo formatos durante toda esa década y las posteriores", razón por lo
cual, uno saca en conclusión que el Son dominicano es primero que el cubano.
El Son cubano se difundió a nivel internacional más
que el dominicano, a pesar de que el nuestro fue primero, según la ponencia de
Namnúm por causa del sistema social imperante en nuestro país en esos tiempos,
ya que "la diferencia la marcó la era del Jefe, que cercenó todas las
posibilidades internas y externas de difundir el Son dominicano".
LOS SONES DEL SON
Ante todas estas afirmaciones de nuestro amigo César
Namnúm, vamos hacer algunos comentarios:
A.-
Ninguno de los
investigadores, especialistas, etnomusicólogos, nacionales o extranjeros, que
han estudiado la música popular dominicana, entre los cuales están Emilio
Rodríguez Demorizi, Enrique Marchena Dujarric, Julio Alberto Hernández, Luis
Alberti, Flérida de Nolasco, Francisco García, Bernarda Jorge, J. M. Coopersmith,
Martha Ellen Davis, etc., han tenido la tentación y ni siquiera han insinuado
que el Son sea dominicano.
El profesor Almanzar González Canahuate, en su
"Recopilación de la Música Popular Dominicana", donde hay una investigación muy
ponderada, asesorado reconocidos músicos dominicanos: Bienvenido Bustamante,
Papa Molina, Chiquitín Payamps, Ello Cabrera, sólo recoge sones de autores
dominicanos: "La Mulatona", de Piro Valerio y "Tirando y Escondiendo la Mano",
de Eloy Tejada. Esto nos dice a nosotros de manera objetiva, que el Son no fue
una expresión trascendente, masiva, nacional, ya que si lo fue, no es posible
que sea ignorado por especialistas ni que fuera de tan poco interés para los
investigadores sobre la popular dominicana.
B.- "El Son es, en la música cubana, un género o
especie de canto y baile donde concurren influencias que se toman,
fundamentalmente, de la sonoridad de la cuerda pulsada" (Argelieres León), donde
el centro es el tres, y donde participan, entre otros instrumentos básicos, el
bongó y la clave. Los géneros musicales tienen variantes. Lo que se conoce hoy
como Son corresponde al modelo cubano, a nivel instrumental, rítmico y
estructura vocal del solo y la respuesta. Hay modalidades, en Cuba está Changüí
y el Sucu Sucu, que en opinión de algunos ni siquiera son formas, sino los que
originaron el son.
Aquí puede que exista una modalidad, sin que por ello
implique que sea de aquí. Por ejemplo, en Puerto Rico o en Haití, hay merengues,
pero son modalidades con elementos comunes y diferencias con el merengue
dominicano. Compositores de esos países escriben merengues, pero ellos no dicen
que son merengues puertorriqueños. Son hechos allá, con temática de allá, pero
dentro del modelo del merengue definido como dominicano.
Por eso, una cosa es que compositores dominicanos
escriban sones, dentro del modelo cubano, y otra cosa es que se diga que son
dominicanos.
C.- La ponencia de Namnúm es interesante para el
levantamiento de hipótesis, desde el punto de vista científico, para realizar
una investigación, pero no para asumido como conclusiones, sobre todo cuando son
afirmaciones sin documentaciones. Las afirmaciones de que "el Son existe en
Santo Domingo desde mediados del siglo pasado", de que "surgió entre los años de
1870 y '90, alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto Plata", así como
el comentario de que existen ciertas reseñas periodísticas del siglo pasado, etc
no dice cuales son específicamente, no señala las fuentes, los autores, etc. lo
cual, de un dato objetivo, lo convierte en simple especulación.
D.- Hay varias afirmaciones erradas, tan por ejemplo,
eso de que el Son comienza de con Matamoros.
E.- De igual manera, afirma, pero no prueba en ningún
momento, que el son dominicano, diferente al cubano, se deriva del bolero o que
la "bachata fina" (?)"Sea Son al estilo de los de principios de siglo", al igual
que colocar a Trujillo como el responsable de la detención o casi desaparición
del Son dominicano. En ningún caso Namnúm aporta pruebas o aporta argumentos de
sustentación. Sólo son afirmaciones y especulaciones. Aquí pudo haber o hay
modalidades de Son, pero dentro del género cubano. El mismo César acaba de
componerle un hermoso Son a Chencha y Bonyé que es un ejemplo de esto. Igual,
una cosa es que existan compositores dominicanos que escriban Son y otra cosa es
la producción sonera como movimiento. De todas maneras, la ponencia de César
Namnúm, con las diferencias o no que puedan tener, es un documento y una
provocación para la discusión, la investigación y la profundización sobre el
Son. Ojala que él mismo acepte este desafío y siga trabajando en el Son.
(Ultima Hora, 1998)
Dago, digo lo que dije…
César Namnúm
Durante su reciente visita al país, el investigador
cubano Helio Orovio, nos ilustró sobre las fuentes del son cubano. El señor
Orovio, autor del muy ponderado "Diccionario de la música cubana", nos refiere
que el son cubano proviene de varias fuentes primordiales. A saber: el Sucu-Sucu
y el Changüí, en el oriente y la Rumba, el Güagüancó y el Bolero, en la Habana.
Deja claro que las influencias de estos tres últimos fueron definitorias para
darle el cuerpo final al Son cubano que conocemos hoy. Además nos da fechas.
Aprendemos entonces, que el son se impuso en la Habana durante los años veinte
de este siglo. Lo que es perfectamente coincidente con el inicio de las
grabaciones de sones en cuba, 1925-26, con el Sexteto Habanero. Hace algunos
años, cerca de diez, el etnomusicólogo dominicano y actual director del Archivo
Nacional de Música, Julio César Paulino Féliz, me hizo participe de un
descubrimiento hecho por él hacía ya algún tiempo: desde el siglo pasado hay
composiciones de sones en el país, que no corresponden en estructura ni forma de
tocarlos, a las orientales cubanas provenientes del Changüí o el Sucu-Sucu. En
realidad, agrego yo, entre nosotros no se conoció el Changüí- que le llegó a los
cubanos vía Haití, con evidente influencia de la contradanza francesa- ni el
Sucu-Sucu. Estoy seguro que para muchos de ustedes, es la primera vez que
escuchan estas palabras. En cuanto a la rumba y el güagüancó, muy populares en
la Habana, su aprecio entre nosotros es bien reciente y más bien nos llegó desde
Nueva York, vía el movimiento de la salsa de los setenta. A partir del bolero,
los cubanos dicen haber creado el bolero son. Padre de cuyo ritmo es considerado
Miguel Matamoros, a partir de una composición de 1930 de título "Lágrimas
negras". Antonio Mesa (El Jilguero de Quisqueya), dominicano de color negro,
grabó al principio de los veinte en Puerto Rico, temas de Luis -Danda- Lockward,
puertoplateño, padre de Juan Lockward, y de los santiagueros Inocencio –Chencho-
Pereyra, Bienvenido Troncoso y Piro Valerio, quienes eran de los principales
compositores de la época. Varias de estas composiciones eran conocidas entre
ellos, como bolero rítmico o con jaleo, una forma de tocar el bolero que acelera
la última parte, terminando a menudo en coros, como "La Mulatona" de Piro, "Mi
llegada a Macorix" de Troncoso, "Mercedita" de Danda y otros. En 1929, Eduardo
Brito llega a New York para una sesión de grabaciones en los estudios de la RCA-Victor.
El primer tema que graba es la Mulatona. Iba acompañado por Bienvenido Troncoso,
Chita Jiménez y Enrique García. De todos los temas grabados, 10 ó 12 eran de
esos que ellos llamaban boleros rítmicos o con jaleo. Danda, el más viejo, Piro,
Chencho y Troncoso habían nacido en el siglo pasado y eran compositores maduros
para los años veinte. Hoy se sabe -a partir del análisis musical de éstos- que
sus boleros rítmicos o con jaleo eran en realidad sones. Y es lo que Paulino
Féliz y yo llamamos el Son Dominicano, puesto que esta forma de tocar el son no
era conocida en ninguna otra parte. Es el origen de lo que luego se llamó
bolero-son y se expandió por el mundo entero, bajo la impronta de Los Matamoros.
Es, por lo tanto, un aporte de los dominicanos a la música popular de América.
Todo lo que he afirmado en los párrafos anteriores es perfectamente comprobable:
Las declaraciones de Orovio fueron reseñadas por el periodista Jorge Jiménez en
el periódico HOY. El etnomusicólogo Paulino Féliz existe y sus afirmaciones han
sido reseñadas por este periódico y otros medios de masas. El Sucu-Sucu, el
Changüí, la Rumba y el Güagüancó no son músicas comunes en Santo Domingo como
para provocar, digamos, la vertiente dominicana del son. De ser así, sería la
primera prueba conocida de que la teoría del desarrollo de las especies de
Darwing es aplicable a la música. Miguel Matamoros es considerado erróneamente
el padre del bolero-son. No sólo hay composiciones de dominicanos con este ritmo
anteriores a Lágrimas Negras, sino que ni siquiera ese tema es de su autoría.
Lágrimas Negra es un tema dominicano compuesto por Pura Reyes, capitaleña,
escrito en despecho al abandono de que había sido objeto por Miguel al marcharse
a Cuba, luego de su visita en 1930. El mismo tema, claramente armado desde una
perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le agregó el jaleo. Antonio
Mesa y Eduardo Brito fueron dos de nuestros grandes cantantes. Existe profusa
información sobre sus vidas y quedaron en acetato algunas de sus grabaciones:
Mesa con el Trío Borinquen, Brito con mucha gente. Paulino y yo conocemos esas
grabaciones, al igual que otras personas. Danda, Piro, Chencho y Bienvenido,
junto con Juan Lockward, y algunos otros contemporáneos y bohemios, son de los
mejores compositores de sus épocas, merecedores de mejor suerte en lo que a
difusión respecta. De cualquier manera, sus obras han quedado, sea grabadas, sea
en la tradición popular. Toda esta información va, sobretodo, para mi buen amigo
Dagoberto, que ha tenido problemas para ubicar datos sobre el son dominicano y
que, por lo tanto, pone en dudas que exista: (el Son Dominicano según César
Namnúm, Ultima Hora). Dago dice que el son dominicano no es más que una variante
del son cubano. Bueno, para que ello sea cierto, tiene que probar de cuál de las
fuentes del son cubano proviene: si del sucu-sucu, si del changüí, si de la
rumba o el güagüancó. Y cuándo y por dónde entraron estas músicas al país. Entre
otras cosas un poco más complicadas, como el análisis armónico de esos ritmos y
la música que se compone aquí. Habrá que demostrar que los boleros-sones cubanos
son anteriores a los dominicanos y sobre todo, borrar con tinta china las obras
de los autores dominicanos mencionados. Porque mientras haya aún sea un sólo
bolero rítmico o con jaleo, es la evidente muestra de un género que está ahí
aunque hayamos sido incapaces de desentrañar sus raíces. Ahora bien, si lo que
mi amigo Dago quiere demostrar es que el Son que se oye y se baila en los
centros especializados del país, es fundamentalmente el grabado y compuesto por
cubanos, tiene toda la razón. Pero es todo lo que prueba. Queda por ver qué lo
determinó y cuándo. Queda por averiguar qué pasó con nuestros compositores y
músicos de son. ¿Se quedaron en la gatera? ¿Por qué no grabaron ni difundieron
su música? ¿Qué se lo impidió? Si lo que él quiere demostrar es que el son que
se impuso en el mundo entero fue el cubano, porque fueron ellos quienes mejor lo
trabajaron, tiene toda la razón nueva vez. Cuba es una gran nación que le ha
dado el valor a sus cosas que nosotros no le hemos dado.
Especial
para Areíto, HOY, 1998
El Son y el
bolero-son de César Namnúm
DAGOBERTO TEJEDA ORTIZ
A nuestras
reflexiones sobre una ponencia del "El Son Dominicano" de César Namnúm, éste ha
respondido en el suplemento Areíto del periódico Hoy del domingo 19 del
presente, con un articulo titulado "Dago, Digo lo que Dije".
En este trabajo, Namnúm insiste en afirmar dos aspectos básicos:
a).- Que "desde el siglo pasado hay composiciones de sones en el país
que no se corresponden en estructuras ni forma de tocarlos con los orientales
cubanos".
b).- Que entre los compositores más importantes del Cibao, algunos al
final del siglo pasado y a principios del presente, compositores como Luis –Danda-
Lockward, Inocencio -Chencho- Pereyra, Bienvenido Troncoso y Piro Valerio,
entre otros, tenían composiciones que "eran conocidos entre ellos como bolero
rítmico o con jaleo, una forma que acelera la última parte, terminando a menudo
en coros, como "La Mulatona", de Piro; "Mi Llegada a Macorís", de Troncoso;
"Mercedita" de Danda y otros".
Sigue diciendo Namnúm que "hoy se sabe -a partir de análisis musicales
de estos- que sus boleros rítmicos o con jaleo era en realidad sones. Y es lo
que Paulino Félix y yo llamamos el Son dominicano, puesto que esta forma de
tocar el Son no era conocida en ninguna otra parte. Es el origen de lo que luego
se llamó bolero-son, que se expandió por el mundo entero por la impronta de los
Matamoros. Es por lo tanto, un aporte de los dominicanos a la música popular de
América".
c).- Para demostrar que el Son es dominicano, César tiene que probar que
el bolero son nuestro es primero que el cubano. Por eso afirma que "Miguel
Matamoros es considerado erróneamente el padre del bolero-son. No sólo hay
composiciones de dominicanos en este ritmo anteriores a Lágrimas Negras, sino
que Lágrimas Negras es un tema dominicano compuesto por Pura Reyes, capitaleña,
escrito en despecho por el abandono de que había sido objeto por Miguel
Matamoros al marcharse a Cuba, luego de su visita de 1930. El mismo tema,
claramente armado desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo
le agregó el jaleo".
d).- Y para que no exista duda de la diferencia del "Son Cubano" y el
"Son Dominicano" una conversación, según él, con Helio Orovio, donde este le
dice "que el son cubano proviene de varias fuentes primordiales, a saber: El
Sucu-sucu, y el changüí, en el Oriente y la rumba, el guaguancó y el bolero, en
La Habana". Agregando: "Es claro que las influencias de estos tres últimos fue
definitoria para darle el cuerpo final al son cubano que conocemos hoy".
En su trabajo, Namnúm insiste en decir que yo afirmo "que el Son
dominicano no es más que una variante del Son cubano". Por eso, termina
diciendo:
a).- Que yo tengo
"que probar de cuál de las fuentes del Son cubano proviene. Si del Sucu-Sucu, si
del Changüí, si de la Rumba o el Guaguancó".
b).- Que yo debo demostrar que "los boleros-sones cubanos son anteriores
a los dominicanos".
c).- Y que toda esta tarea de investigación e interpretación era un
trabajo apropiado del Instituto Dominicano de Folklore, que yo dirijo, que de
él.
LOS SONES DEL SON
Lo primero es que César, al igual que en su ponencia, juega a la
especulación y margina la dimensión científica del análisis y la exposición,
primero porque reproduce y afianza sus afirmaciones en conversaciones privadas
que ni siquiera coloca entre comillas, para que se pueda diferenciar el
contenido de él y de sus entrevistados, lo cual hace imposible que se puedan
comentar críticamente las mismas por las faltas de fronteras en ellas y él. Por
ejemplo, en su conversación con Helio Oravio, al éste referirse a las fuentes
del Son cubano, pone en las mismas al bolero. Que me perdone Namnúm, pero
tengo dudas que Helio afirmara esto. Creo que hay un error, porque en el caso
cubano no creo que exista relación alguna. En segundo lugar, en lo que los
etnomusicólogos han definido como género Son, en Cuba por ejemplo, estos son dos
cosas diferentes, donde en la formación del Son, el bolero no jugó ningún papel
estelar. La relación vino después, cuando el Son tenía su carnet de identidad e
incluso, la presencia del bolero en el Son trajo por consecuencia lo que José
Loyola Fernández denomina como" el bolero soneado y el bolero-son", cuyo
análisis no es objeto de este trabajo. En tercer lugar, si César Namnúm llama
Son, y dice que también nuestro amigo Julio César Paulino, al ''bolero-son'' de
Danda, Chencho, Piro, etc., esto es otra discusión, pero este no se corresponde
musical, instrumental, rítmicamente al modelo del Son cubano, género por el cual
se han hecho todos los "Sones dominicanos" recientes, como el caso del homenaje
a Chencha y Bonyé del propio Namnúm. En cuanto lugar, César no respondió a las
interrogaciones básicas de nuestro trabajo. Por ejemplo, él afirmaba que "el
Son dominicano surgió entre los años 1870 Y 1890, alrededor de las ciudades de
Montecristi y Puerto Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa
zona del país han surgido la mayoría de nuestros ritmos populares". Sigo
pensando que hay una equivocación, ya que en Santiago había más tradición
musical y mayor fuente de síntesis de españolización y criollización, y además,
no sé de dÓnde saca César que de "esa zona del país han surgido la mayoría de
nuestros ritmos populares", porque realmente no sé a cuáles él se refiere,
porque no los menciona ni yo sé cuáles son. Asimismo, en su ponencia él afirma
que "sea consciente o por pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no
es más que Son al estilo de principios de siglo". El no la define, pero no sé
exactamente cuál es la "bachata fina". Me da miedo esta afirmación, porque
siento un aire de discriminación musical, entre lo "culto y lo popular". Espero
equivocarme, porque César no piensa así. Por eso es mi extrañeza. En el trabajo
que estamos comentando, como en su ponencia, César insiste en afirmar que,
"Lágrimas Negras es un tema dominicano, compuesto por Pura Reyes, capitaleña,
escrito con despecho por el abandono de que había sido objeto por Miguel
Matamoros al marcharse a Cuba, luego de su visita de 1930, el mismo tema,
claramente desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le
agregó el jaleo. César hace esta afirmación, pero no tiene ninguna sustentación
documental ni testimonial. En ambos trabajos sólo lo proclama. Me parece extraño
que Miguel negara esto siendo verdad, ya que en una entrevista muy famosa que le
hiciera Alberto Muclercia (Publicada en la Revista "En la Expresión de los
Pueblos", mayo-diciembre 1975) expresó enfáticamente: "Lágrimas Negras" "es un
bolero-son, pero no lo compuse por un asunto mío, no señor, sino por una vecina
que siempre llegaba a la casa lamentándose de que el marido, sin razón, la había
abandonado, por eso, la poesía dice: Aunque tú/ me has dejado en el abandono/
aunque tú/ has muerto todas mis ilusiones/ en vez de maldecirte con justo encono
/ en mis sueños te colmo / en mis sueños te colmo / de bendiciones". De sus
declaraciones se saca en conclusión, además, de que cuando él vino a Santo
Domingo en el 1930, ya estaba compuesta "Lágrimas Negras". Namnúm plantea en la
conclusión de su trabajo, que el trabajo de investigación, interpretación y
definición sobre el Son en dominicana, debe asumirlo el Instituto Dominicano de
Folklore. El tiene ahí parte de razón. En la programación del 98, sin haber
conversado nunca sobre esto con el Bacho, hay elaborado un proyecto para la
realización del "I Encuentro Caribeño Sobre el Son", que estaba previsto para
después de las elecciones. Ya que el Bacho tomó la iniciativa de hacerlo,
nosotros decidimos apoyarlo. Por eso, Tommy García y yo, participamos en el
Conversatorio Sobre el Son en Intec y por eso, estamos publicando un Manual
sobre el Tres de auditoría de Tommy García que es miembro de INDEFOLK, al igual
que Namnúm.
Volveremos sobre el
tema.
ULTIMA HORA,
DOMINGO 10 DE MAYO DE 1998
CARTA PARA UN FINAL
César Namnúm
Estimado Dagoberto: Leí tu artículo en el Última Hora
del domingo pasado, donde nueva vez pones mi nombre en grandes caracteres- no
sabes cuán vano me siento - para responder el mío de este periódico. Ahora,
obligado a la réplica, aún sea por pura cortesía, me parece que estamos abusando
un poco de la generosidad de la gente, la mayoría de las cuales, cuando de Son
se trata, prefieren bailarlo y no teorizarlo. Te propongo que dejemos las cosas
donde están, por lo menos a nivel de prensa, y nos aboquemos a realizar la tan
necesaria investigación sobre el Son en Santo Domingo (fíjate que no dije el Son
Dominicano, estoy conciliador en estos días), y arrojar los resultados en uno o
varios libros, acompañados de sus respectivos discos, como es el estilo en esos
casos. Sobre todo, como tú bien lo dices, porque estamos en el mismo bando, y
somos miembros del Instituto del Folklore, quien debe comandar, sin dudas, la
investigación. Dispuesto estoy a ser parte de los muchos trabajos que se
derivarían de una investigación como la sugerida, sin preocuparme gran cosa por
quién la dirige o sustenta, siempre y cuando se lleve a cabo. Igualmente me
integraré a los trabajos organizativos del Festival que tienes en mente armar,
me consta, desde antes que el de Bacho. Tanto aquel como este no son más que
calentamientos, ejercicios de embocadura, para el objetivo final: Armar La
Teoría del Son en Santo Domingo. Para lo mismo vale esta réplica, mis artículos
anteriores y los tuyos. Estamos afinando la puntería.
Yo no conozco a Helio Orovio, Dago. Nunca lo he visto
en mi vida, sólo en fotos. Recorté del periódico HOY la reseña que redactara
Jorge Jiménez de sus declaraciones, en la Rueda de Prensa de Casa de Teatro,
durante el FestiSon del Bacho. Te cito…"EI musicólogo recordó que al llegar a la
Habana en los años de 1920 y más bien un poco antes, se convirtió en otra cosa,
pues nació el Son habanero con el Sexteto Habanero. Y ya el son se enriquece en
gran medida, con otros instrumentos…" Helio Orovio recordó también que las
claves no se tocaban en el son originario de Oriente. "Estas claves se
incorporaron en La Habana por los años veinte y nace el Son Habanero, permeado
por el Guaguancó y el Bolero…Ya es un Son, no un simple Cuarteto o un Montuno
como era en Oriente, sino ya tiene un tema más largo, una cosa narrativa, y
desde el punto de vista armónico y melódico se enriquece mucho". Dice más Orovio,
pero no quiero cansarte con estas citas, te invito a buscar el artículo para que
lo leas entero. Hay afirmaciones que llaman mucho la atención. Por ejemplo, en
algún momento habla de la influencia de Santo Domingo en el Son, solo que ese
Santo Domingo al que él se refiere es Haití…"Es decir, de los haitianos, que
fueron llevados desde fines del siglo XVIII y principios del XIX para Cuba y
llevaron para allá La Tumba y El Congo Y todos esos Bailes de aquí…" Yo te
pregunto ¿No te parece extraño que cuando los cubanos hablan de influencias de
Santo Domingo en su música, sólo se refiere a las migraciones haitianas? La
Tumba, El Congo, La Contradanza y otras músicas que los cubanos admiten como
influencias en sus ritmos populares, eran divisas comunes en Santo Domingo (toda
la isla) en los años a los que ellos se refieren. ¿Sólo les llegó de un lado y
no del otro? Y ¿Qué de la oleada de nativos de éste lado que cogieron para allá
durante esos años? Creo que tú compartes conmigo la idea de que es a nosotros a
quienes nos corresponde darle respuestas a esas interrogantes. Angela Peña, en
su columna "La Media Naranja", y su articulo "El idilio de los Matamoros con una
Dominicana", del 27 de junio del año pasado, dice lo siguiente: "Lágrimas
Negras, la preciosa canción de los Matamoros que recorre el mundo y que cada vez
más se canta y se graba, fue escrita por una bella dominicana que, según
versiones, tuvo un romance con Miguel, uno de los integrantes, surgido en 1930
cuando el trío estuvo de visitas por el país. Se llamaba Pura Reyes. "Era una
dama alta elegante, india, de ojos verdes y cabellos negros, muy amante del arte
y que fue famosa en esos años por un tango que siempre cantaba en El Capitolio…
Hace mucho, dijeron los habaneros, un periodista dominicano publicó lo del
idilio, confesado por el propio Miguel, ya anciano, pero no aportaba el nombre…
Su identificación fue ofrecida por el Dr. Fernando Morbán Laucer, al comentarle
la noticia, quien confirmó también, que ella es la autora de los primeros versos
de Lagrimas Negras. Sólo el estribillo, según él, es obra de los Matamoros…"
Sírvase usted. Paul Austerlitz, Profesor Asistente de Etnomusicología en la
Universidad de Miami, editó el año pasado un libro sobre el Merengue Dominicano,
producto de una investigación de varios años. Dicha investigación fue
auspiciada, pagada y editada por la Temple University de Filadelfia. El libro
viene acompañado de un disco compacto y fue impreso en Inglés. Se que ese idioma
no te es extraño, de manera que te pido que leas en las paginas 112 y 114 lo
dicho sobre las bachatas de Juan Luís y la influencia del Son en ellas (él les
llama Son-Bachata). Un personaje de su autoridad justifica lo que otros músicos
dominicanos hemos dicho: la Bachata de Juan Luis, Vitico, Manuel y otros (fíjate
que no incluyo a Luís Díaz, que no es el mismo caso), no es tal sino Son. Para
mi, que las he comparado, estas composiciones se asemejan bastante a las
compuestas a principio de siglo por Bienvenido Troncoso, Chencho Pereyra y Piro
Valerio. O sea, una suerte de vuelta al archi mencionado Bolero Rítmico. Si
quieres alguna vez te desgloso esta hipótesis y te hablo de sus vías conectoras.
Finalmente querido amigo, yo, que me reconozco mucho menos informado que tu en
la materia, cometo el sacrilegio de afirmar que los principales ritmos populares
del país provienen del Cibao. A menos que el cuento sea otro y que yo no haya
estado ahí cuando lo contaron, La Criolla, El Bolero (de Santo Domingo) la
Bachata, El Merengue y El Son (de Santo Domingo) son de origen cibaeño. Usted
dirá. Con esta me despido, no tengo aficción por las disputas de periódicos y
mucho menos tu bagage y acopio de datos, en algún momento meteré la pata, sino
lo he hecho ya. Eso si, cuenta conmigo para los trabajos que vienen por ahí y
los posteriores.
Te reitero mi profunda amistad y admiración.
Especial
para AREITO, HOY, 1998



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